Entonces Josafat inclinó su rostro a tierra. Del mismo modo, todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron delante del SEÑOR, y adoraron al SEÑOR. 2 Crónicas 20:18
Es probable que lo haya notado, pero no está de más recordarlo: las victorias más emocionantes del pueblo de Dios no ocurrieron cuando el pueblo peleó, sino cuando adoró.
Los muros de Jericó cayeron cuando Israel usó su voz para gritar en honor de “Aquel grandioso Dios” que les daría la tierra que estaban por conquistar. El rey Josafat se sintió impotente ante una coalición de ejércitos que atacarían Judá, pero él adoró y cantó; entonces, Dios hizo que entre ellos se atacaran.
Pablo y Silas estaban en prisión, pero al cantar himnos a Dios, vino un gran terremoto que estremeció los cimientos de la cárcel y entonces las puertas se abrieron.
Amado lector, Satanás buscará mantenerlo ocupado para que no adore a Dios; él sabe muy bien que su adoración lo acercará a Dios, provocará Su poder y le devolverá el enfoque.
Lo cierto es que adoramos poco, debido a las aflicciones. Nos ahorramos las palabras de exaltación a Dios por causa de los afanes. Nos debilitamos y entonces perdemos toda motivación de adorar al Señor.
Hoy, puede que se encuentre abatido o preocupado como lo estuvo Josafat. Él dijo: “Somos impotentes ante este ejército poderoso”. Tal vez usted se sienta igual; sin embargo, la adoración le permitirá enfrentar sus enemigos y derrotarlos.
La adoración es un puente sin retorno que conecta la estación de la derrota con la cúspide del éxito.
Hoy, adore al Señor, cante una y otra vez aquella estrofa que lo conecta con el corazón del Dios Todopoderoso. Rompa su silencio y enfrente a sus enemigos como lo haría un verdadero hijo de Dios.
¡Cante! ¡Adore!
Bendecido día.