Respuestas inesperadas

Escrito el 12/01/2026
Charles Spurgeon


Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres1 Reyes 19:4


Fue algo notable que un hombre que nunca moriría, a quien Dios le dispuso una suerte infinitamente mejor, el hombre que iba a ser llevado al cielo en una carroza de fuego y ser trasladado para que no conociera la muerte, orara: “Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados” (1 Reyes 19:4).

Tenemos acá una prueba memorable de que Dios no siempre nos concede lo que pedimos, aunque siempre responde.

Él le dio a Elías algo mejor que lo que había pedido, y de esa manera realmente lo escuchó y le contestó.

Qué extraño fue que Elías, que tenía un corazón valeroso, estuviera tan deprimido ante la amenaza de Jezabel como para pedir morirse, y fue una bendita benevolencia de parte de nuestro padre celestial que no atendiera a las palabras de su desalentado siervo.

Existe un límite para la doctrina de la oración de fe. No debemos esperar que Dios nos dé todo lo que elegimos pedirle.

Sabemos que algunas veces pedimos, pero no recibimos, porque pedimos mal. Si pedimos algo que no ha sido prometido, si vamos en contra del espíritu que Dios quiere que cultivemos, si pedimos en forma contraria a su voluntad o a los decretos de su providencia, si pedimos solamente para la gratificación de nuestra propia comodidad, sin considerar su gloria, no debemos esperar recibir algo.

Sin embargo, cuando pedimos en fe, sin dudar, si no recibimos aquello que hemos pedido, recibiremos un equivalente, o más que un equivalente por ello.

Como señala alguien: “Si el Señor no paga en plata, lo hará en oro; si no paga en oro, lo hará en brillantes”’.

Si Él no te da precisamente lo que has pedido, te dará lo que es equivalente a ello, y algo que te regocijará grandemente recibir a cambio.

Permanece, entonces, querido lector, mucho en oración, y haz que este día sea de ferviente intercesión, pero presta atención a lo que pides. 

¡Bendecido día!