Presionada por su madre, la joven dijo: «Quiero en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». Mateo 14:8
Herodías, madre de la joven, se había convertido en esposa de Herodes, quien antes había sido su cuñado. Juan el Bautista se opuso abiertamente a esa relación, pues contravenía la ley de Dios.
La Escritura nos dice que Herodes deseaba matar al profeta debido a su constante denuncia de su conducta inmoral. Sin embargo, no se atrevía a hacerlo por temor a una revuelta popular, ya que el pueblo reconocía a Juan como un verdadero profeta.
Durante una fiesta, Herodes hizo una promesa imprudente a su hijastra —quien anteriormente era su sobrina— asegurándole que le concedería cualquier cosa que pidiera. Herodías aprovechó ese momento para influenciar a su hija y así concretar su deseo de eliminar al incómodo profeta. De ese modo, la cabeza de Juan el Bautista fue pedida en una bandeja y la petición fue concedida.
Tengo la firme convicción de que Dios, de muchas maneras, interviene deliberadamente para estorbar nuestras conductas inmorales y confrontar nuestro pecado.
Con frecuencia lo hace a través de un siervo de Dios, del mensaje de un pastor o incluso mediante circunstancias que nos recuerdan que el camino que hemos tomado no es correcto. Sin embargo, nuestro espíritu rebelde se resiste y, a toda costa, busca silenciar esa luz de verdad o apagar ese faro de libertad que intenta rescatarnos de nuestro mal proceder.
Amado lector, manténgase atento a las señales de Dios. Si el Espíritu Santo usa a alguien para exhortarlo o corregirlo, no lo ignore, no lo resista y mucho menos intente apartarlo de su camino.
Luchar contra viento y marea para cumplir un deseo carece de sentido si Dios no está con nosotros. Existen deseos egoístas y carnales que se oponen a Su voluntad. Habitan en nuestro interior y deben ser enfrentados con sabiduría y en el poder del Espíritu Santo.
Aquello que se obtiene mediante la infidelidad, el dolor ajeno o incluso la muerte de otra persona no perdura. Tarde o temprano se desvanece, se quiebra, y la consecuencia termina arrebatándolo todo.
Abra bien los ojos y observe con atención: quizá Dios está colocando obstáculos delante de usted para librarlo de una consecuencia devastadora.
No calle a sus líderes ni silencie a sus pastores. Escúchelos, porque es posible que Dios esté hablándole a través de ellos. A veces se piensa que los líderes espirituales no desean la felicidad de quienes guían, pero no es así. En muchas ocasiones, simplemente ven lo que otros se niegan a ver.
Cuando buscamos justificar nuestros pecados y bloquear a todo aquel que se opone a nuestra voluntad, el resultado suele ser un desastre irreparable. Cuide sus deseos. Cuide su conducta.
Que tenga un día verdaderamente reflexivo.