“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:1-5)
El habitar o permanecer en un lugar hace que nos veamos expuestos al ambiente que allí se despide. Eso lo experimentó el salmista cuando describió las ventajas de una vida impregnada de la Gloria de Dios.
“Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida” (v.4)
Lo primero que hizo David fue buscar a Dios en medio de sus aflicciones. Nadie se lo impuso, él mismo decidió. Lo que para unos es un sacrificio, para otros es un deleite. No es sentirse presionado, es decidirse por lo que dice la Palabra de Dios.
“Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto.” (v.5)
David encontró la protección y la seguridad en la Casa de Dios. El rey tenía un palacio y un gran ejército, pero en ningún otro lugar se sentía tan seguro y tranquilo como en la casa de Dios
¿Está huyendo de las luchas de la vida?
Un día lo hizo el rey David, hoy es el día para que decida buscar refugio en Dios
Cuando se toma la decisión urgente de buscar a Dios, entonces Dios hará.
“Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas” (Sal 61:4)
“El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes” (Sal 92:12-14)