“Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase” (Lucas 15:25-32)
Hablar de actitud, es hablar de disposición, lo que expresamos con el gesto; algunas veces, mostramos una actitud negativa o positiva, de malestar o de alegría.
Vemos la actitud del hermano mayor, cómo se expresó en contra de su hermano menor. Estaba inconforme con su regreso y con el recibimiento que su padre le había dado. Su actitud afectó la relación con su padre, se enojó, no atendió a la súplica de su padre. Ocurren casos similares en las familias, pero allí debe estar la intervención de un padre sabio. Cuando un hijo tiene una actitud egoísta, desconoce los privilegios que tiene como hijo.
“El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones.” (Pr 13:1)
La actitud del padre “Tú siempre estás conmigo” Ese hijo despreció los privilegios que tenía. La presencia de un padre de familia siempre debe estar con sus hijos. De igual manera nuestro Padre celestial, está con nosotros. Tenemos el privilegio que, si somos obedientes, Él siempre estará con nosotros. El hijo mayor lo tenía todo, pero no lo disfrutaba.
¿Qué hacer con las actitudes negativas?
Pedir perdón a Dios. Como hijos de Dios, debemos alegrarnos por la restauración de nuestros hermanos.
Debemos orar para que no haya egoísmo, que fluya el amor, comprensión y tolerancia dentro de la familia.
Es tiempo que, como hijos de Dios, analicemos nuestras actitudes. Seamos agradecidos con Dios por todas las bendiciones que hemos recibido.
“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra el otro. De la manera que…” (Col 3:13)