“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.” (Mt 15:21,22)
La Biblia nos dice que el Señor intentaba pasar desapercibido en la región de Tiro y de Sidón. Sin embargo, su fama se había extendido tanto que incluso en este territorio pagano una mujer escuchó de su presencia y fue hasta donde Él estaba. Esta mujer era como Mateo la describe “una mujer cananea” Ella vino a Jesús pidiéndole ayuda porque su hija estaba bajo el dominio del diablo.
Esta mujer cananea es un buen ejemplo de la intercesión que los padres debemos llevar a cabo por nuestros hijos, vemos su insistencia en sus ruegos. Ella seguía a Jesús dando gritos lo que molestó a los discípulos; esta insistencia reveló algo muy importante, una fe sólida en el Señor Jesús.
La ley judía ordenaba a los judíos apartarse de los gentiles, en el mismo templo se levantaba un gran muro para evitar que los gentiles entraran en los atrios de los judíos. Fue la fe de la mujer la que logró eliminar todas esas barreras para llegar al corazón mismo de Dios. Este es un claro ejemplo de que todo aquel que se acerca al Señor con fe hallará su favor y será atendida su necesidad.
Así que, si una mujer pagana demostró su fe en el Señor y alcanzó su milagro ¿cuánto más se requiere de nosotros que hemos recibido privilegios mayores?
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb 11:6)