“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Jn 8:12)
En la biblia podemos identificar la ceguera como una limitación física, pero también como un profundo significado espiritual. Físicamente, en tiempos bíblicos, la ceguera implicaba marginalidad y pobreza, muchas personas con esta condición se veían obligadas a mendigar. Socialmente, existía el prejuicio popular de que la ceguera era un castigo divino o la consecuencia directa de algún pecado personal o de los padres. Esto generaba un gran rechazo, excluyéndolos incluso de participar en el sacerdocio o de ingresar al templo. Espiritualmente, la biblia utiliza la ceguera como una metáfora para describir ignorancia, incredulidad o pecado. Además, representa la incapacidad del ser humano para comprender las verdades divinas y la "luz del evangelio" sin la intervención de Dios
“Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron” (Mt 20:29-34)
El evangelista Mateo dice que “dos ciegos oyeron que Jesús pasaba”, de alguna manera supieron que el Señor Jesús sanaba a los enfermos, era el momento para ellos y sabían que su vida cambiaría. Es posible que necesites un cambio en tu vida, dejar la oscuridad del pecado y decidirte por la luz admirable de Jesucristo. Es necesario “clamar su misericordia”, sabiendo que Dios responde al corazón que reconoce su condición, así lo hicieron ellos. Jesús, teniendo compasión por ellos, “les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron”
Su vida experimentó un cambio total no sólo porque dejaron de ser ciegos, sino porque ahora seguían a Jesús como Señor y Salvador; toda sanidad es un milagro grande, pero más grande es tener un encuentro con el Sanador, con el que da la Vida Eterna.
“Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos…” (Mt 9:28-30)