“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordaras de todo el camino por donde te ha traído Jehová tú Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (Dt 8:1,2)
Estos versículos llaman a la obediencia y a recordar el propósito de las dificultades. Dios pide a Israel cumplir sus leyes para prosperar y poseer la tierra prometida, recordando que sus 40 años de pruebas en el desierto fueron para revelar la verdadera intención de sus corazones.
En ellos se destaca: El Llamado (v.1) La obediencia garantiza la vida, la multiplicación y la herencia de la tierra.
Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento: Moisés reitera la ley que había sido dada a Israel. Les está diciendo, presten especial atención a la ley «para que vivan y se multipliquen, y entren y posean la tierra que Jehová juró dar a sus padres».
La Prueba (v.2) El desierto no fue un castigo sin sentido, sino una escuela para probar su fidelidad. Israel debía depender completamente de Dios. No había nada ni nadie más que pudiera proveerle, guiarlo y protegerlo.
Uno de los propósitos de la prueba era revelar lo que había en su corazón y si serian obedientes, incluso en tiempos de necesidad. No era porque Dios no conociera sus corazones, sino porque ellos mismos no lo conocían.
Amigo, la Escritura nos recuerda que, al mirar hacia atrás podemos reconocer que las pruebas y los desiertos por los que Dios nos ha llevado tienen un propósito especifico: fortalecer nuestra confianza en Él y preparar nuestro corazón para ser agradecidos por sus abundantes bendiciones.
Bendecido día.