"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra." (2 Cro 7:14)
Al abordar este pasaje, primero hay que considerar el contexto inmediato. Después de que Salomón dedicara el templo, el Señor se le apareció y le hizo algunas advertencias y le tranquilizó. “Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio…” (v.12)
El contexto inmediato muestra que el texto está relacionado con Israel y el templo y con el hecho de que Dios podría enviar un juicio sobre la tierra en forma de sequía, langostas o peste.
El Señor anticipó un tiempo de prueba, una que habría sido real para cualquier nación en ese tiempo y lugar: un período de sequía, peste y hambruna (v.13) esta prueba podría haber sido una experiencia bajo la providencia divina, pero no necesariamente resultado del pecado.
Si bien la promesa es dirigida específicamente a Israel, los principios son aplicables a todos los que invocan el nombre del Señor. Un pueblo arrepentido debe:
Humillarse, es reconocer la dependencia de Dios y abandonar la autosuficiencia
Orar. Se trata de una comunicación sincera e intencional con Dios.
Buscar el rostro de Dios, es priorizar una relación íntima con Él, más que solo pedir favores, es desear conocerlo íntimamente.
Apartarse de sus malos caminos. esto es arrepentimiento verdadero. es cambiar de dirección y acción renunciando a toda conducta equivocada.
Cuando estas acciones se cumplen, Dios responde con tres promesas directas: "Entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanará su tierra"
La respuesta restauradora de Dios era física para el antiguo Israel (enfermedades, plagas, sequías) y espiritualmente nos enseña que el arrepentimiento genuino siempre traerá el perdón y la paz de Dios a todo su pueblo.
Bendecido día.