"Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él" (2 Cro 16:9)
Este pasaje dice que los ojos de Dios contemplan la tierra, quiere decir que sus ojos están puestos en nosotros, no nos pierde de vista ni de día ni de noche. Él presta atención a todos los aspectos de nuestra vida. Somos valiosos para Él.
“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mt 6:26)
Si Dios cuida de las aves también cuidará de nosotros.
El deseo del Señor es bendecir nuestra vida: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10:10) Tengamos la certeza de que él cuida de nosotros y que quiere enseñarnos el camino por donde debemos andar y que nos hará entender con su sabiduría las decisiones que debemos tomar ante las situaciones difíciles de la vida para darnos la mejor salida.
Si contamos con el cuidado y la protección de Dios y sabemos que nada se esconde de su mirada, debemos tener cuidado de cómo andamos, no como necios sino como sabios, entendiendo cual es la buena voluntad de Dios para nosotros. Obedeciendo su Palabra.
Sus ojos están fijos en los que le temen de verdad, en los que lo reverencian, los que reconocen su soberanía y su poder y siempre esperan en su misericordia, su mirada está sobre los justos, aquellos que hemos sido lavados por su sangre preciosa, y sus oídos atentos a nuestro clamor.
Él mira la tierra y nos mira para bendecirnos, solo quiere lo mejor para nosotros. Oramos por un corazón perfecto para Él, un corazón que lo anhele y lo busque cada día, un corazón consagrado para Él.
"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos" (Sal 32:8)
Bendecido día.