"Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil 4:7)
Cuando permanecemos en Jesucristo, cuando tenemos una relación íntima con él, a través de la Biblia y la oración, entonces se produce fruto. (Gal 5:22) Los primeros frutos son el amor, el gozo y la paz. En contraste con el mundo, según varios estudios se ha encontrado una alta relación que explica que más del 80% de las enfermedades tienen un solo origen, el estrés.
Significa que la persona no tiene tranquilidad, no vive en paz, lo domina la incredulidad, no perdona y esto lo lleva a afectar su salud o a tener una difícil recuperación. Por el contrario, el fruto del Espíritu es inicialmente esa paz que supera todo entendimiento.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga" (Mt 11:28-30)
Aprender de Jesucristo, es imitar su humildad, su mansedumbre y como resultado hallamos descaso para nuestras almas.
La verdadera paz y tranquilidad en nuestro diario vivir, realmente la encontramos cuando recibimos a Jesús, el primer fruto que él espera es que tengamos paz, a pesar de las dificultades, pruebas o circunstancias que estemos pasando, no dudemos, porque el mismo Dios todo poderoso dice: “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mt 28:20)
Bendecido día.