“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” (2 Tim 4:1,2)
El Señor a través de este pasaje, hace un severo encargo para servirle con celo, porque los tiempos son malos. El ministerio es “Servicio” y como hijos de Dios, debemos predicar la Palabra de Dios con audacia y valor. Cuando atesoremos la Palabra de Dios en nuestro corazón, entonces la defenderemos sin descanso, esto implica comunicarla con fidelidad.
La Palabra de Dios siempre enfrentará una violenta oposición, por eso no es una fácil tarea. Debemos llenarnos de paciencia, energía, el trabajo es duro y constante, si queremos anunciar el evangelio debemos hacerlo sin ningún temor.
Dios busca obreros que comuniquen su Palabra con fidelidad y prontitud, por eso debemos prepararnos cada día e instruir a otros para que también lo hagan. Nada de la Palabra de Dios debe ser distorsionado, adulterado o borrado. Los valores para llevar un ministerio significativo son los que Timoteo aprendió del apóstol Pablo. Ser un soldado valiente que soporta cualquier dificultad, un atleta que entrena diariamente y con disciplina y un labrador esforzado y paciente, que espera siempre el fruto de su trabajo.
Dios está llamando siervos consagrados, preparados para cada situación, que prediquen con urgencia, no importando si las circunstancias son favorables o no, a tiempo y fuera de tiempo, de noche o de día, no solo en la iglesia sino en todas partes donde el Señor lo requiera.
Hay un mensaje claro y urgente de Dios para toda la iglesia, “Cumplir la Gran Comisión”
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:19,20)
Bendecido día.