“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efesios 6:13)
La lucha del cristiano contra las fuerzas de maldad ocurre cada día y en cada momento de la vida. El diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar. El cristiano que conoce su posición y su batalla se prepara con la armadura de Dios.
La Armadura de Dios es una forma de vida que caracteriza a aquellos quienes viven sus vidas de acuerdo con la instrucción divina; quienes dependen de Dios para su diario vivir. La biblia manda a los creyentes que deben estar alerta, aprovechando bien el tiempo.
El creyente debe ser un soldado con firmeza tanto en su carácter, su obra, su decisión y su fe. “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar aquel que lo tomó por soldado” (2 Tim 2:4)
Todo cristiano que desea ganar la batalla contra el enemigo debe comenzar con la verdad. La verdad es Cristo, la Verdad es la Palabra, la Verdad es la base del creyente, así como la Justicia y la santidad.
El creyente está llamado a orar sin cesar. Cuando Pablo comienza a hablar acerca de la lucha espiritual, manda buscar la fortaleza en el Señor y en el poder de su fuerza. La oración constante es la única manera en la cual el creyente puede fortalecerse espiritualmente. La oración debe estar presente antes, durante y después de la batalla.
“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Ef 6:14-18)
Bendecido día.