"Más a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!" (Mt 14:25-27)
En el mundo romano, las vigilias nocturnas se dividían en cuatro períodos, la última entre las 3 y las 6 a.m. Esto indica que los discípulos estuvieron a esa hora en la barca en algún lugar del Mar de Galilea luchando contra un fuerte viento; estaban allí porque Jesús les había ordenado que cruzaran hacia el otro lado del lago.
Este versículo no trata de la incredulidad común y del temor que todos experimentamos, el temor es una condición humana. Habla de corazones dominados por la duda, por la incredulidad que puede alejarnos de Dios. Ese tipo de corazón arrastrará a la personas como la duda hundió a Pedro en las aguas del lago. El mayor peligro de la incredulidad radica en que destruye la confianza de nuestra relación con Dios.
“...Jesús vino a ellos andando sobre el mar” (v.25) Caminar sobre las aguas turbulentas demuestra que Jesús tiene poder absoluto sobre las leyes de la naturaleza que atemorizan al ser humano.
Amigo, Jesús llegó en la última vigilia y aunque parezca que Dios tarda en responder a nuestros problemas, Él siempre llega en el momento preciso. Su aparición sobre las aguas demostró que no debían temer. Bastó su Palabra para tranquilizarlos y poner todo en orden.
“Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.” (v.33) Al ver lo sucedido, todos los que están en la barca se rinden ante él y lo reconocen como el Hijo de Dios
Nosotros no caminamos sobre las aguas, pero sí por situaciones complejas. Si miramos las circunstancias difíciles como “las olas del lago” que se levantan delante de nosotros y no buscamos la ayuda de Dios, terminaremos como Pedro desesperados y ahogados en los problemas.
La bendita Palabra nos exhorta a dejar que Dios nos tome con su mano y nos guíe en medio de las tormentas de la vida. “...puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Heb 12:2)
Bendecido día.