"Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.” (Jer 18:1-4)
El libro del profeta Jeremías narra una importante enseñanza sobre la soberanía de Dios, su paciencia y la libertad que tienen las personas para cambiar su destino mediante el arrepentimiento.
Dios ordena al profeta que baje a la casa del alfarero, no para darle una palabra sino para que él reciba un mensaje divino. Jeremías obedece y encuentra al alfarero trabajando en el torno. Allí pudo apreciar que la vasija que el alfarero estaba moldeando se rompió o se dañó en sus manos. El alfarero no desechó el material, sino que volvió a empezar e hizo otra vasija según le pareció mejor.
Amigo, viendo este ejemplo, Dios como el alfarero y el pueblo como el barro, el Señor le pregunta a Israel si Él no puede hacer con ellos lo mismo. Dios tiene el poder absoluto y soberano para moldear, formar o deshacer a los pueblos.
“Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles” (v.8)
Si Dios anuncia que va a destruir o castigar a una nación por su maldad, pero esa nación se arrepiente y deja su pecado, Dios cambia de parecer y detiene el castigo. Por el contrario, si Dios promete bendecir y levantar a una nación, pero esta hace lo malo y no obedece, Dios también cambia su decisión.
El texto enseña que Dios es paciente y está dispuesto a perdonar y restaurar nuestras vidas siempre y cuando estemos dispuestos a obedecer y apartarnos de nuestro mal camino.
Cuando oramos al Padre y decimos “Señor hágase tu voluntad”. ¿Será que realmente estamos dispuestos a permitir que Dios lo haga? Dejemos que Dios trate cada área difícil de nuestra vida y cambie nuestros planes.
Dejemos que su mano rompa todo aquello que no le agrada de nosotros y que sus deseos nos hagan mejores personas. Pongámonos en manos de nuestro Alfarero, él quiere lo mejor de nosotros.
Bendecido día