Tema 30: Interceda por otros.
Base bíblica: Daniel 9:8-19.
Introducción
Orar o interceder por otros es una de nuestras responsabilidades cristianas. La oración intercesora es el acto de pedir o clamar a Dios en favor de otros cristianos o perdidos, pidiendo que les conceda arrepentirse. En toda la Biblia, la oración de Daniel es quizá una de las más conmovedoras e inspiradoras. No fue una oración desesperada, tampoco fue una oración basada en su intelecto o mero conocimiento humano. Fue una oración que integró casi todos los valores espirituales que requiere un verdadero “gemir” por el bienestar de otros. Daniel oró en sincronía con las Escrituras, puso fervor a su oración y añadió una serie de elementos que a la luz de su experiencia estudiaremos a continuación. Quiero animarlo a orar por su familia y por aquellas personas que aún no conocen a Jesús:
1. Daniel se identificó con su pueblo (v.5 y 8). Las necesidades de Daniel no eran exactamente las mismas necesidades del pueblo al que pertenecía. Daniel estaba “cómodo en las instalaciones del palacio”. Imagine una docena de servidores cuidando de Daniel y sus amigos; no tengo la menor duda que tenía a su alcance el mejor plan de televisión digital de aquel entonces y posiblemente las mejores “palomitas de maíz caramelizadas”. Banquetes por aquí, banquetes por allá, sin contar los carruajes del linaje real que tenía a su disposición. Nada le hacía falta al joven Daniel. Sin embargo, Daniel pudo sentir el dolor de sus semejantes. Las paredes del palacio no le quitaron a Daniel la sensibilidad para sentirse parte del sufrimiento de sus compatriotas. La verdadera intercesión es aquella que nos lleva a experimentar dolor y verdadera angustia por los demás. La iglesia suele encontrarse en su propio palacio, lo que en ocasiones la hace indiferente a las necesidades de los demás, especialmente a las de aquellos que no han tenido una experiencia transformadora con Jesús. Es tiempo de pensar en ellos.
2. Daniel confesó los pecados del pueblo (v.4-5). Daniel pudo decir: Señor, ellos han pecado. Pero no fue así, por el contrario, siempre incluyó su voluntad y su nombre entre todos aquellos que habían desobedecido los mandamientos. Dios se complace de aquellos que le buscan con un corazón sincero y declaran con honestidad sus faltas. “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”. Proverbios 28:13. Daniel entendió perfectamente el principio de la confesión sincera y por eso, su oración fue escuchada. Confesar los pecados es la clave para el perdón y la reconciliación. Daniel no tuvo vergüenza al declarar todo aquello que el pueblo había hecho, sabía de antemano que Dios tendría misericordia y actuaría en favor de sus semejantes. Hemos pecado y hecho lo malo; hemos sido malvados y rebeldes; nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes. No hemos prestado atención a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes y príncipes, a nuestros antepasados y a todos los habitantes de la tierra. Daniel 9:5.
3. Daniel pidió según la misericordia de Dios (v.18). Fíjese que el clamor de Daniel por el pueblo no estuvo basado en sus propias justicias o en sus obras, tampoco en sus habilidades o fortalezas, sino, en la misericordia de Dios. La verdadera intercesión no luce los logros como una razón para que Dios obre, más bien, se hace confiando en que Dios es bueno, perdonador y grande en amor. Préstanos oído, Dios nuestro; abre los ojos y mira nuestra desolación y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre. Al hacerte estas peticiones, no apelamos a nuestra rectitud sino a tu gran misericordia. Daniel 9:18. Un clamor humilde es aquel que exalta la misericordia de Dios, pero éste puede ser estorbado por la vanidad y/o el orgullo. Apelemos a la misericordia de Dios antes que a nuestros éxitos o triunfos. El rey David declaró: Olvida los pecados y transgresiones que cometí en mi juventud. Acuérdate de mí según tu gran amor, porque tú, SEÑOR, eres bueno. Salmos 25:7.
Conclusión Dios desea que la práctica del amor cristiano se refleje en nuestro estilo de vida y así mismo, en nuestra responsabilidad social por otros. Orar por otros es parte de nuestra responsabilidad. Cuando oramos por alguien, cosas poderosas pueden ocurrir en sus vidas.