Tema 47 - La Gran Cena.


Ps. Gustavo Muñoz

Tema 38: La gran cena.

Base bíblica: Lucas 14:15-24

A. Paso a paso para el líder:

  1. Comunique la visión: cuéntele a los miembros de su Casa de Oración que para ésta reunión, es importante que inviten personas nuevas, pues el objetivo será puramente evangelístico.
  2. Antes del día de la reunión, salga con ellos e invite personas del sector, de la unidad o de la cuadra, para que los acompañen en un compartir especial para celebrar la navidad.
  3. Durante la reunión, prepare una mesa con algunos alimentos alusivos a la navidad y reciba a sus asistentes e invitados de manera especial. Atiéndalos y comparta con ellos el siguiente rompehielos:

B. Use éste rompehielos:

Formule la siguiente pregunta y escuche atentamente todas las respuestas: ¿cuál creen que es el verdadero sentido de la navidad?

Una vez escuche las respuestas, ponga una segunda pregunta a consideración de las personas y permita que, dos o tres personas respondan: ¿si ustedes pudieran comprar el regalo más costoso del mundo, qué comprarían para la persona que más aman?

Después de escuchar las respuestas, dígales que ellas son las personas más amadas por Dios, y por esa razón, les ha sido entregado el regalo más grande y costoso que un ser humano pudiera recibir: Jesús. 

C. Comparte el siguiente mensaje:   

Introducción

Dios, constantemente nos hace una invitación. En contraste con lo que muchas personas piensan, Dios no vino a condenar el mundo, sino a guiarnos por el camino hacia una vida plena en Él.

Su invitación es amorosa y benévola. No es un llamado a un juicio, sino a una mesa llena de delicias preparadas para todo aquel que acepte sentarse a su lado. El problema, es que hay quienes cambian esa maravillosa mesa, por las sobras del plato de la desdicha.

Tú puedes sentarte a la mesa con el Rey (Dios), pues Él mismo te está llamando para darte el regalo más maravilloso que pudieras recibir: una vida nueva. Todo, porque alguien vino al mundo a pagar tus impagables deudas: Jesús de Nazaret.

Jesús es la razón por la que estamos reunidos hoy. Esta es nuestra mesa (señale la mesa sobre la que estarán los alimentos para compartir), Dios está entre nosotros y te está llamando a su lado porque hoy quiere darte: 

  1. Esperanza.

Todos hemos atravesado los túneles del dolor y la perdida. Hemos comprobado que aquel dicho popular “el mundo se nos vino encima”, es más real de lo que parece. También hemos sentido esa extraña sensación en el estómago cuando escuchamos una mala noticia.

Aun así, hay quienes dudan de un Dios que quiere ayudarnos en medio de la dificultad. Ese Dios, en ocasiones nos saca de manera milagrosa de las crisis, pero en otras ocasiones se hace presente para hacernos saber que está a nuestro lado.

En cualquiera de los casos, Dios está buscando lo mismo: llenar nuestros corazones de esperanza. Por eso hoy, nos reunimos para alimentarnos de fe, sí, de esa fe que necesitamos para creer que de la mano de Dios, todo será diferente. La esperanza tiene un poder creativo poderoso: provocar que lo imposible ocurra.

  1. Perdón.

Todos llevamos sobre nuestros hombros, grandes cargas que perturban nuestros pasos. Sin embargo, las más grandes cargas son aquellas que se llevan en el alma. Normalmente, son secretas y pretendemos que nadie las conozca.

Lo cierto, es que ni el más próspero gobierno, ni el más avanzado equipo médico, han podido crear una unidad de atención que pueda hacerse cargo de esas dolorosas y perturbadoras heridas de nuestro interior.

Lo que muchos aún no saben, es que Jesús es el médico por excelencia que vino al mundo a liberar nuestras almas y a darnos descanso. Todos necesitamos el perdón de Dios; la buena noticia es que Él está presto para darnos una nueva oportunidad cuando fallamos.   

  1. Vida eterna.

La vida biológica es una, la vida espiritual es otra. Todos nos preocupamos por tener un lugar al cual llegar cada noche después de un día de trabajo, pero, ¿alguien se preocupa por el lugar donde pasará la eternidad?

Hubo alguien que sí lo hizo y por cierto, nos preparó de antemano un lugar: ese es Jesús. La habitación de nuestro cuerpo será un hueco en la tierra, pero la habitación del alma es el reino de Dios. Un lugar perfecto, imposible de mejorar.

¿Si la gente confía su vida a un seguro, usted podría confiarle su eternidad a Jesús? Todos necesitamos un lugar donde estaremos por la eternidad. Nadie podrá darle el pase a una eternidad junto a Dios, sino solo uno: Jesús, aquel que nació en un pesebre. 

Conclusión

Guíe a los oyentes a repetir la oración de fe y luego, comparta con ellos la mesa de alimentos  que han preparado.