Base bíblica: Gálatas 5:16-26
Introducción:
Durante esta semana, seguiremos creciendo en el conocimiento de la obra del Espíritu Santo. Sin duda, la invitación que Dios le está haciendo, es a permitir que su obra se lleve a cabo al interior de su corazón, para que así, el fruto amoroso de su presencia, envuelva el todo de su vida terrenal.
La vida espiritual consiste en algo más que asistir a la iglesia. En realidad, consiste en el progreso paciente de nuestro crecimiento en semejanza a Jesús. Nuestra meta es ser más parecidos a Él. Sin embargo, tal propósito es un imposible si el Espíritu de Dios no interviene en nuestros arrogantes corazones.
Hoy seguiremos profundizando en el resultado de la maravillosa obra del Espíritu. Reflexionaremos en algunos resultados poderosos específicamente en tres áreas: la paciencia, la benignidad y la bondad. Comencemos:
- La paciencia.
La definición más básica de la paciencia, supone aquella noble capacidad de esperar con la actitud correcta. La acción de esperar en sí misma, no representa una gran virtud, puesto que la espera, en su expresión mas pura, debe ir acompañada de la actitud correcta. Por tanto, la paciencia podría definirse como “la capacidad de esperar sabiamente”. En un mundo tan agitado como en el que vivimos, la paciencia gana, cada día, más enemigos. Nuestra cultura, de hecho, se caracteriza por las acciones no pensadas, basadas normalmente en el afán y la ansiedad.
Dios, sabe de paciencia. Él nos esperó. Durante años y décadas enteras, aguardó por el día en que nuestros corazones recibirían su mensaje de amor. ¿Puede entender todo lo que implica ser paciente? Dios espera que usted aprenda a esperar sin perder el rumbo. Aquellos que esperan sabiamente, jamás son defraudados. Santiago vio cómo una gran virtud y como un motivo de gozo, el saber esperar: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Santiago 1:2-3.
- Benignidad.
La benignidad implica más que un comportamiento amable o servicial. La benignidad es un estilo de vida cuyo código moral es básicamente uno: no hacerle daño a los demás. Por supuesto que esto implica no engañar, no robar, no maltratar, etc., así como a veces, la experiencia de vivir esa extraña sensación de sentirnos vulnerables. La benignidad es aquel rostro del carácter que siempre se inclina por el deseo de ser de bendición para otros y de no de afectar a los demás.
Ser benigno es también ser pacificador. Somos benignos cuando nos alimentamos del bien y no del mal. Buscamos el camino de la reconciliación y no el de la guerra. No promovemos la cizaña y tampoco disfrutamos el dolor de los demás. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32. Una de las manera cómo se manifiesta la benignidad, es a través del perdón. Alguien benigno, perdona pronto.
- Bondad.
Aunque la Biblia claramente nos dice que ninguno hay bueno, excepto Dios, también es cierto que Jesús dijo que debemos procurar ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. Esa perfección corresponde a la aplicación del precioso don de la misericordia con los más cercanos y también con los extraños. La acción de ser una fuente de bondad para nuestros familiares, claramente es muy sencilla debido a nuestro grado de consanguinidad, sin embargo, no es igual cuándo se trata de un extraño o de un hermano en la fe. El gran enemigo de la bondad no es la maldad. Puede que sea su antónimo, pero no, su mas peligroso enemigo.
El gran enemigo de la bondad es el orgullo. Es nuestro orgullo el que nos impide pensar en los demás o simplemente valorar como importante la idea de otro. La bondad milita en el ejército contrario al del orgullo. Es la bondad la que nos permite reconocer que las personas se equivocan, fallan y tienen el derecho a arrepentirse y por supuesto, a que Dios las perdone. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Colosenses 3:2. Esa manera poética de referirse al sentir profundo de la misericordia, es una forma de aplicar la bondad.
Conclusión
¿Cómo anda usted hoy con respecto al fruto del Espíritu que hemos estudiado? Pregunto como un mortal curioso. La respuesta es suya. Reflexiones y comparte sus apreciaciones antes de marcharse.