Tema 10: La dicha de ser perdonados.


Ps. Gustavo Muñoz

Base bíblica:  Salmo 32:1-11

Introducción: No hay nada más liberador que perdonar y ser perdonados. El perdón es semejante a un bálsamo que se aplica sobre una evidente herida. El salmista David, llamó bienaventurado (sinónimo de dichoso), a todo aquel que ha encontrado el perdón de Dios. ¿Puede imaginar la dimensión de éste maravilloso privilegio? 

El perdón de Dios es mucho más que una nueva oportunidad; en esencia, es la ratificación de Su amor, bondad y misericordia. A través del perdón, encontramos la tranquilidad que tanto necesita el corazón. Lo cierto es que, agitados vamos por el mundo buscando una oportunidad para estar en paz, pero no la encontraremos, a menos que nos reconciliemos con Dios. 

La paz es al corazón, lo que el oxígeno es a los pulmones. Pero, una vez que hemos fallado, ¿cómo es que podemos obtener el perdón y vivir en paz? Recordemos la manera como David se acercó a Dios y obtuvo el perdón de sus pecados:

1. Declaró su pecado (v. 5).

El peor error que cometemos cuando pecamos, es callar. Esta es una reacción natural en los adultos e incluso, en los niños. Ocurrió así desde siempre. Fue el caso de Adán y Eva, y no ha cambiado. Cuando un niño hace algo malo, normalmente calla y evita que sus padres se enteren. Este comportamiento parece tener sentido en función del castigo, pero no en función de la restauración. En otras palabras, cuando se busca la restauración de las relaciones, y más aún la restauración de comunión con Dios, lo mejor es hablar. 

Aunque confesar el pecado pudiera producir una sensación de vergüenza, al final, la retribución es la prosperidad (Proverbios 28:13). Dios no rechaza a aquel que se acerca para confesar su pecado. Ahora bien, el común de las personas, consideran que no es necesario hacerlo, afirmando que al fin de cuentas, Dios lo sabe todo. ¿Pero qué enseña la Biblia? Aquel que confiesa sus pecados y se aparta de ellos alcanza la misericordia de Dios. Proverbios 28:13.

2. Se humilló (v. 8 y 9).

Es imposible que Dios nos guíe hacia la estación de la restauración, si primero no humillamos nuestros corazones. Una de las tragedias más grandes del Hombre, es pecar y sentirse orgulloso por eso. Nada está más lejos de la perfecta bendición del Espíritu. Quien peca y no lo reconoce, es semejante al mulo o el caballo. Animales potencialmente tercos. Aunque son animales fuertes, útiles y muy necesarios en trabajos agrícolas, su más grande debilidad es su falta de entendimiento. ¿Nos hacemos semejantes a ellos cuando no reconocemos nuestros errores? Si, definitivamente sí.

La verdad es que Dios no pide mucho, Él pide entendimiento que se puede entender incluso, como sentido común. El entendimiento es la disposición a reconocer que necesitamos su guía porque nos encontramos en una posición de absoluta pérdida, y como si fuera poco, las tinieblas han afectado nuestra visión. La Biblia claramente le ha dado un alto lugar a la humillación. Es que no hay otra forma de llegar a la cima de exaltación sin primero atravesar el camino de la humillación.

3. Confió en la misericordia de Dios (v. 10).

¿Está Dios en la obligación de perdonarnos? No. Pero hay una motivación eterna en Él por la cual nos otorga el perdón: su misericordia. David afirmó: "el malvado sufre, pero el que espera el Señor lo rodea la misericordia". Sentirnos merecedores de una bendición es una alarma que nos previene de una desviación espiritual que erróneamente, nos hará quitar la mirada de Dios.

No imagino una oración de David diciendo: "Señor, sabes que soy rey de Israel, soy el hombre más influyente en la historia de este pueblo, bajo mi gobierno el pueblo prosperó, soy yo aquel del cual tú piensas tiene un corazón como el tuyo. Además, enmendé los errores del anterior rey, debes perdonarme". No oró así David; más bien, él apeló constantemente a la misericordia abundante del Señor. Lo mismo debemos hacer nosotros. Deberíamos decir entonces: "Señor, no es por mí, es por tu misericordia y gran amor; perdóname".

Conclusión

Dialoguen sobre las bondades y los beneficios del perdón de Dios. Según el salmo estudiado, como consecuencia del perdón, viene la alegría, el gozo y el júbilo (V. 11).


Tema 10 - La Dicha de Ser Perdonados