Base bíblica: Hebreos 9:13-28
Introducción:
La vida, pasión y muerte de Jesús, son algunos de los temas más fascinantes de la Biblia. Su muerte, y el derramamiento de su sangre, conforman el corazón de las Escrituras y da lugar a la más alta revelación de todas: el amor.
Es ese ingualable amor que nos capacita para tener una nueva vida. El apóstol Pablo dijo: pero ahora en Cristo Jesús, a vosotros que antes estabais lejos, Dios os ha acercado mediante la sangre de Cristo. Efesios 2:13. Gracias a Su sangre, hoy podemos acercarnos a la presencia de Padre para gozar de ella con libertad.
La sangre de Jesús no es una sustancia con “poderes místicos”, ella representa el sacrificio de amor perfecto. La muerte de Jesús (llamado también “Cordero”, Juan 1:29) en favor de la humanidad, hizo efectiva la redención de todos los que creemos en Él.
Hoy, reflexionaremos sobre los beneficios del sacrificio de Cristo. Consideraremos por lo menos tres:
- Purificación.
La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera. 14 Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente! Hebreos 9:13-14.
El sacrificio de Jesús no solo nos libra del castigo que merecemos por causa de nuestro pecado, sino que además limpia nuestra conciencia de tal manera que podamos servir a Dios y conocerlo tal cual es Él. El efecto purificador de la sangre de Cristo es inigualable; trasciende los pensamientos y penetra en nuestra alma liberándola de las manchas causadas por el pecado. Sin importar cuál ha sido tu pecado, Dios puede purificarte y limpiarte de toda especie o género de maldad. Juan 1:9.
- Perdón de pecados.
La Biblia declara que la paga del pecado es la muerte. Romanos 6:23. También dice que en otro tiempo, esto es, antes de conocer la obra redentora de Jesús, estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Efesios 2:4-5. Ninguno podía ofrecer un sacrificio eterno sobre el cual reposaran todos los pecados de nuestra vida pasada, presente y futura. Por tanto, alguien debía exponerse a la muerte para que fuésemos perdonadnos. Fue entonces cuando Dios determinó hacer la remisión de pecados (ponerlos en la cuenta de Su hijo aunque no era culpable de ninguno), para que los llevara sobre sus propios hombros y muriera en nuestro lugar.
Nadie podría ofrecerse, excepto un cordero perfecto, provisto -esta vez- por Dios y no por el hombre. Jesús derramó su sangre en la cruz para efectuar la obra de perdón y justicia. En su sangre fuimos declarados inocentes y libres de la culpa, Cristo siendo santo e inocente, se hizo pecador por nosotros. De hecho, la ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón. Hebreos 9:22. El derramamiento de la sangre de Jesús significó el abandono de Su propia vida para que hoy nosotros tuviéramos vida en abundancia.
- Salvación.
La salvación es la más importante provisión de Dios. Ningún otro regalo que usted pueda imaginar, es tan valioso como la entrada al reino de Dios y la esperanza de la vida eterna. Usted debe entender algo. Nadie puede llegar a ser lo suficientemente bueno como para salvarse a sí mismo. La salvación es un regalo divino que nadie más puede ofrecer, excepto Dios.
Cristo, al morir, tenía su nombre en la mente. Cada gota de la sangre que derramó en la cruz fue entregada por voluntad propia para hacer de usted una persona acepta y digna de la salvación gloriosa. Considere valiosa la maravillosa obra del Redentor y dispóngase para recibir sus innumerables beneficios. Recuerde que la vida en éste mundo es pasajera y efímera, el tiempo pasa y todo lo que sus ojos ven se desvanecerá; sin embargo, hay para usted una morada que aguarda por usted y durará para siempre.
Conclusión
Sea agradecido. La mejor manera de cultivar el hábito de la gratitud, es contemplando y valorando la majestuosa obra de Cristo en la cruz. Cuando parece no haber motivos para agradecer al Salvador, recuerde su dolor, la vergüenza y la sangre derramada por causa del gran amor hacia usted. Disfrute de esta semana mientras recuerda la dimensión del amor de Dios.