Base bíblica: 1 Samuel 24:1-22.
Introducción: David estaba huyendo de un rey airado llamado Saúl. Fue en esa persecución en la cual salió a la luz todo lo que había en sus corazones. Tanto David como Saúl revelaron lo que en verdad ellos eran. Ciertamente en las situaciones adversas, revelamos quienes en realidad somos, y tal parece que Dios quiso que así fuera para ambos en un mismo momento.
Saúl reveló su maldad y altivez, mientras David mostró su humildad y nobleza. Sin duda, el corazón de ambos contrastaba en casi todo, excepto en una cosa: ambos conocían a Dios. Aun así, el comportamiento de David estando bajo presión y en plena persecución fue admirable. Note que David:
1. Obró con nobleza.
David tomó malas decisiones, sin embargo, nadie puede cuestionar su nobleza. Su corazón había sido entrenado para enfrentar la tentación del orgullo y la vanidad. Aunque él sabía que Dios lo había elegido para ser el próximo rey de Israel, su nuevo título no le hizo olvidar quién era. La nobleza es una de las virtudes cardinales de los cristianos. Por tanto, un seguidor de Jesús debe caracterizarse por cultivar la nobleza.
En nuestro caminar con Dios, nos encontraremos en situaciones en las que nuestros corazones serán probados. Seguramente nos ofenderán, y entonces seremos tentados a pagar con la misma moneda. Sin embargo, el deseo de Dios es que frente a cada situación adversa o ante la tiranía de una persona, respondamos con nobleza. David se hizo grande por su noble corazón. Su respuesta ante la ofensa fue la nobleza y no la altivez.
2. Supo perdonar.
David no sabía de rencores, siempre supo lidiar con las ofensas. Mientras era perseguido por Saúl, fue humillado en gran manera, aún así, pudo guardar su corazón. David, teniendo a su ofensor al alcance de su espada, decidió mejor perdonarle la vida aquel día en que ambos estaban en la misma cueva. A pesar de que Saúl había hecho mérito para que un hombre entrenado y experimentado como David cobrara todas sus ofensas, una vez más el escueto y futuro rey de Israel nos dá una importante lección: para ser grande, hay que aprender primero a perdonar.
¿Cuántas veces nos ensañamos en dañarle la carrera a aquellos que nos despreciaron? Ciertamente, pagar mal por mal es la peor de las decisiones. Mientras haya un Dios en los cielos, usted debe entender que ante la ofensa, no se reacciona con otra ofensa. Ante la ofensa, se reacciona con el indestructible don del perdón. Fíjese en el trato que Dios tuvo con David. Para Dios era de mucho valor que el siguiente rey de Isarel tuviera la madurez necesaria para gobernar y defender un pueblo y no para declarar la guerra a todo aquel que alguna vez lo ofendió. Una de las razones por las cuales Dios no nos promueve, es porque Él sabe que aún nos cuesta perdonar.
3. Decidió honrar.
Saúl cometió muchos errores, sin embargo, David siempre lo consideró una autoridad. A pesar de que Saúl perdió el enfoque, David vio más allá de sus desaciertos y pudo ver en él un llamado celestial, una marca divina. De hecho, la reacción de David es sorprendente, ¡se inclinó! Esa actitud demuestra cuan importante era para Él, castrar los impulsos que pudieron llevarlo a poner su espada sobre Saúl.
Vivimos tiempos difíciles. Hoy, poco sabemos de la honra y sus beneficios. La Biblia nos enseña que todos debemos honra a alguien más. El primer lugar está Dios. En segundo lugar se encuentra nuestra familia. En tercer lugar, se encuentran nuestros pastores o líderes espirituales. Cuando honramos y le damos a cada quien lo que merece, podemos estar seguros de que estamos labrando un camino de mucha bendición. Cuando deshonramos a quién merece honra, lo único que hacemos es invocar la vergüenza.
Conclusión
Amado cristiano, jamás olvide que usted será grande cuando aprenda a obrar con nobleza. La belleza del Espíritu se revela en la inusual virtud de la nobleza. Aprenda a perdonar. Los que lo hacen, disfrutan de una vida de gozo y propósito. Finalmente, tómese en serio la honra, cuando usted honra está cumpliéndole al Señor y Él le cumplirá a usted.