Texto: Santiago 1:1-6.
Introducción: Santiago se percató de tres peligros inminentes para el cristiano. El primero, la impaciencia; el segundo, la terquedad; el tercero, la incredulidad. Cuando se trata de ser perfeccionados en el carácter, el Espíritu Santo busca desarrollar en nosotros la capacidad para esperar, actuar con sabiduría, y creer.
La calidad de nuestro carácter es el resultado de las diferentes pruebas de la vida. Sin las pruebas, sería imposible crecer y madurar. Es por eso que la Biblia nos enseña que, aunque la prueba es necesaria, es de gran importancia contar con la actitud correcta mientras pasamos por ellas.
No debemos rechazar la prueba, y tampoco resistirnos a ellas, más bien, debemos pedir al Señor que no dé el discernimiento para aprender lo que Él quiere enseñarnos. Veamos cuáles fueron los tres consejos de Santiago para todos aquellos que estaban viviendo un tiempo difícil:
Esperar es una virtud, pero ciertamente, es una de las más difíciles de aprender. La sociedad de hoy, ha elegido los procesos cortos e instantáneos, antes que aquello que tomará tiempo y será duradero. Las comidas rápidas, los domicilios contra reloj y la obtención de recursos por métodos simples, cada día ganan más terreno en la cotidianidad de las personas. Sin duda, esto ha hecho que nos neguemos a esperar cuando es necesario aguardar con paciencia los desenlaces que las situaciones sugieran.
Es por eso que para el sabio apóstol Santiago, es tan importante ser pacientes en medio de la prueba. La paciencia se convierte en una aliado cuando pasamos por diversas dificultades.¿Cuántas malas decisiones hemos tomado por causa del afán o la ansiedad? Nos exponemos a serias caídas cuando nos dejamos llevar por la desesperación. Una de las maravillosas obras de Dios en el hombre, es el despertar de la capacidad espiritual para esperar en Él. La prueba no es más que un pretexto para desarrollar en nuestro carácter el maravilloso fruto de la paciencia y la espera en el Señor. Acostumbrase a esperar y a confiarle los resultados al Señor.
2. Decida con sabiduría, no con las emociones.
En medio de la prueba, la aplicación de la sabiduría es indispensable. La sabiduría funciona de la misma manera que una brújula. La brújula, siempre usa una referencia imperdible: el norte. De igual manera, la sabiduría siempre guiará nuestros pasos hacia Dios y sus planes. Cuando las emociones afloran, fácilmente los pensamientos se hacen confusos. Las personas que obran de acuerdo a sus emociones deciden con los sentimientos, pero los que obran de acuerdo a la sabiduría, deciden con el temor a Dios. ¿Usted decide con sus emociones prefiere decidir cómo una persona sabia?
La promesa de Dios es fiel. Si pedimos sabiduría a Dios, Él nos la dará abundantemente. Eso significa que nunca dará poco, al contrario, nos dará sabiduría en abundancia. No le dará demasiado a uno, para dejar sin ella a otros; más bien, nos la dará abundantemente a todos sin escatimar nada. Luego, afirma que nos dará sabiduría sin reproche. Eso significa que nos dará el conocimiento divino sin menospreciarnos o descalificarnos. Aunque te llegaras a sentir incompetente, Dios te ve como una persona capaz de superar la más grande prueba que se ponga en tu ruta hacia la victoria.
3. Guarde su fe.
Son las pruebas de la vida las que ponen a prueba nuestra fe. El desafío está en soportar el calor de la prueba sin que nuestra fe se funda y se disipe. Las pruebas pueden sacar a relucir lo mejor de nosotros o también lo peor. El deseo de Dios es que nuestra confianza en Él se mantenga intacta y así podamos ver la recompensa que merece todo aquel que conserva la esperanza en su salvador. Sin importar cuan fuerte sea la prueba por la cual usted esté pasando, asegúrese de seguir creyendo en el poder de Dios, usted no será avergonzado.
La fe hará de usted una persona constante. Las personas que saben cuidar su fe, suelen ser personas constantes y estables, sobre todo, porque mantienen sus convicciones y no renuncian a sus sueños a pesar de las amenazas que pudieran oponerse a su realización. La fe es como el instrumento salvavidas que nos mantiene a flote y evita que nos ahoguemos. Por extrema que sea su prueba, recuerde que Dios no lo ha dejado solo, Él se mantiene fiel y lo cuidará hasta el final de la prueba.
Conclusión: en medio de la prueba, manténgase paciente, no pierda el control. Asegúrese de pedir a Dios sabiduría y obre de acuerdo al conocimiento de las Escrituras y no de acuerdo a sus impulsos emocionales. Conserve su fe, Dios obrará prontamente.