Texto: Salmos 119:129-136
Introducción:
El salmista conoció la magnífica luz del creador a través de las Escrituras. El afirmó: Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero. Salmos 119:105. Esta es la luz que necesita nuestra alma.
Si nuestra vista, precisa de la luz del sol o de la luz artificial para ver, ¿cuánta luz requiere nuestra alma para conducirnos por éste mundo sin desfallecer? La Luz que jamás perece es aquella que viene de la mente de Dios: su palabra de esperanza y poder.
Un día, el sol dejará de brillar, pero la lumbrera eterna que es la palabra de Dios, jamás dejará de existir. La Biblia afirma: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mateo 24:35. Es por eso que debemos amar y obedecer la palabra de Dios. Aquel que lo hace:
Las personas son conscientes de que necesitan sabiduría, pero no están dispuestas a pagar un precio por ella. En la época en que vivimos, los procesos cada día se hacen más cortos y fáciles, lo que resta interés al trabajo arduo y a la dedicación. Lo cierto es que la sabiduría se “posa” en el corazón de una persona, cuando ésta escucha atentamente la exposición de la Palabra de Dios. La sabiduría no viene “por arte de magia”, debe haber contacto con la Sagrada Palabra primero.
La Palabra de Dios tiene el poder para hacer de la persona más sencilla y menos entendida, la más sabia. Verso 130. A través de la Palabra de Dios comprendemos las transacciones de la vida y discernimos los movimientos que Dios causa en ella. Cuando nos cuesta entender las situaciones por las que atravesamos, es cuando necesitamos con urgencia, ir al encuentro de la Palabra de Dios; ella nos sabrá guiar cuando atravesemos el valle de la indecisión o la duda.
2. Ordena sus pasos.
Si alguien se acercara a ti y te dijera: ¿me vendes tu futuro? ¿Qué le dirías? Seguro responderías no. Sin embargo, eso es justamente lo que hacemos cuando no permitimos que la palabra de Dios guíe nuestros pasos. La expresión: ordena mis pasos con tu palabra, significa: ayúdame a caminar sobre las perfectas líneas de tu voluntad, ayúdame a hacer lo que te agrada. Verso 133.
Tomar decisiones y mantenerse puro requiere trabajo, pero es posible si permitimos que la palabra de Dios ocupe un lugar importante en nuestro pensamiento. Tu futuro será brillante y bendecido, en la medida en que las Escrituras se conviertan en tu guía. Cuando escasea la palabra de Dios en nuestro corazón, fácilmente somos influenciados por los placeres del mundo, arriesgándonos a enfrentar las duras consecuencias.
3. Es limpiado.
La pureza tiene que ver con presentar a Dios un corazón que no albergue sentimientos dañinos como la ira, el resentimiento, el odio, etc. También, se define como la constante disposición a hacer lo bueno. Lo cierto es que todos en algún momento hemos sido guiados por un sentimiento negativo, y muy seguramente, por un tiempo, se ha enseñoreado de nosotros. ¿Cómo evitarlo? Lo evitamos cuando hacemos de la palabra de Dios nuestro escudo, guarda y protección.
La palabra de Dios es el blindaje de nuestra alma. Ella nos ayuda a resistir la tentación, nos protege de los planes del enemigo y nos alienta para vencer el mal, con el bien. La palabra de Dios limpia nuestros corazones, ayudándonos a identificar todo aquello que estorba el fluir de Dios y que impide que Su nombre sea glorificado en nuestra vida. Sin palabra de Dios es imposible mantener la unidad entre la pureza de nuestro interior y la naturaleza de nuestras acciones. Verso 130b.
Conclusión: La palabra de Dios siempre trae luz a nuestra vida. Volver a ella significa seguirla y estudiarla con el deseo de llegar a ser un cristiano aprobado por el Señor. La Biblia contiene el consejo que necesitamos para tener una vida de éxito.