Tema 34: Las expectativas de Dios.


Ps. Gustavo Muñoz

Texto: Miqueas 6:6-8.

Introducción: Miqueas, el profeta, anunció la voluntad de Dios. Lejos de comunicar un mensaje de difícil comprensión, su llamado consistió en hacerle entender al pueblo cuáles eran las expectativas de Dios con respecto a su manera de vivir. 

Quizá usted se haya hecho esta pregunta antes, de lo contrario hoy puede hacérsela: Dios, ¿te agrada mi manera de vivir? El profeta Miqueas tuvo la gran responsabilidad de guiar el pueblo de Dios hacia una comprensión espiritualmente correcta de la vida. 

Con regularidad pensamos en aquellas cosas que esperamos de los demás, pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos si las personas reciben lo que esperan de nosotros. Peor aún nos preguntamos si Dios está complacido y si sus expectativas se están cumpliendo de acuerdo a su voluntad. Amado lector, esto es lo que Dios espera de usted: 

1. Que sea justo.

El deseo de Dios es que no engañemos en nada a nuestro prójimo, es decir, no engañar a nuestros semejantes. Podríamos pensar que la justicia descansa exclusivamente en las autoridades defensoras de los derechos humanos, pero no es así, la justicia y la equidad comienza desde nuestra propia casa y se manifiestan en todas nuestras relaciones. Cuando no valoramos el esfuerzo del otro, haciéndole responsable de algo que también es nuestra responsabilidad, estamos cometiendo un acto de injusticia y aquello, no agrada a Dios.  

Cobrar intereses exagerados por un préstamo de dinero se cataloga bíblicamente como usura y esta es una acción injusta. “Que presta dinero sin ánimo de lucro, y no acepta sobornos que afecten al inocente. El que así actúa no caerá jamás”. Salmo 15:5. Cualquier intención de ganar ventaja sobre otro o aprovecharnos de sus necesidades, está en contravía de la justicia divina. Satanás pondrá tentaciones e intentará hacernos creer que tenemos derecho a ciertos privilegios y que nuestros actos son del todo justos, pero debemos evaluar a la luz del amor de Dios si nuestros comportamientos benefician o afectan a nuestro prójimo.

2. Que sea misericordioso.

Conviértase en una persona misericordiosa. Critique menos y ayude más. Ame a los que son débiles y asegúrese de pensar en las necesidades de otros y no tan solo en las suyas. Usted puede ser misericordioso con su cónyuge. Una actitud benévola puede hacer la diferencia en el ambiente que se vive en casa. Practicamos la misericordia cuando nos identificamos con el dolor del otro y sufrimos con sus angustias cotidianas. Un corazón enternecido por los demás es lo que Dios espera de nosotros. 

Amar misericordia se entiende como amar al otro. Ningún otro sentimiento o motivación llevo a Jesús a la cruz, excepto el amor por la humanidad, a esto llamamos misericordia. La sequedad en los corazones de las personas se debe a una sola razón: ignoramos el amor de Dios. Con regularidad pensamos única y exclusivamente en nosotros, todo lo que hacemos, pedimos o esperamos, en la mayoría de los casos, termina beneficiándonos solo a nosotros. Filipenses 2:4.

3. Que sea humilde. 

Humillarnos ante Dios no es otra cosa que mantener una actitud de constante sencillez y dependencia a Él. La actitud soberbia y altiva es desagradable a los ojos del Señor. Uno de los síntomas de aquel que camina en humildad con Dios es la adoración. A través de ella reconocemos que vivimos conscientes de que todo lo que hacemos y somos es por pura misericordia. “Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado”. Salmo 100:3. 

Jesús nos enseñó una gran lección de carácter cuando vino al mundo en condición de hombre, siendo rey y Dios. No le importó abandonar su posición y/o condición, con tal de agradar al padre y cumplir el plan de redención. Estamos llamados entonces a menguar para que Dios crezca; nosotros solo somos señales que dirigen a otros hacia la luz admirable de nuestro Creador.

Conclusión: Viva persiguiendo las expectativas de Dios. Sueñe con lo que Él sueñe y pídale al Espíritu Santo que le ayude a cumplir con las expectativas del reino de Dios.


Tema 34 - Las Expectativas de Dios