Tema 35: El arrepentimiento.


Ps. Gustavo Muñoz

Texto: Lucas 15:11-31

Introducción:

El arrepentimiento es una virtud humana que nos fue dada por Dios. Llamamos “arrepentimiento” a la actitud humilde del corazón que reconoce haber fallado. El arrepentimiento es un acto reflexivo disponible únicamente para los seres humanos. 

No en vano las Escrituras enseñan que el ministerio de Jesús comenzó con un llamado al arrepentimiento (Mateo 3:2). Las buenas nuevas, así como la maravillosa obra del Espíritu Santo, ocurren en los corazones de aquellos que se arrepienten. 

¿Es importante es el arrepentimiento? Lo es, definitivamente lo es. Arrepentirse es de hecho tan importante como la fe. Solo aquellos que se arrepienten, pueden comenzar de nuevo, enmendar sus errores y gozar así, de nuevas oportunidades. El arrepentimiento es la puerta por la que todos pasamos cuando queremos acercarnos a Dios. Pero, ¿en qué consiste el verdadero arrepentimiento?

1. EN RECONOCER NUESTRA MISERIA

Todos pecamos (1 Juan 1:8) pero no todos nos consideramos pecadores. Es contradictorio ¿verdad? Muchas personas pueden reconocer abiertamente que pecan, pero aún así, niegan su necesidad de arrepentirse. Es ilógico aceptar que pecamos y no reconocer que necesitamos pedir perdón al Señor y a quienes hemos lastimado. De aquí que, para gozar de una vida de comunión con Dios, es de vital importancia que mantengamos una actitud de arrepentimiento genuino. Esa actitud, es el resultado de reconocer nuestro pecado así como nuestra necesidad de Dios.

El hijo pródigo reconoció su miseria. Él se hizo consciente de lo bajo que había caído y de lo mucho que se estaba perdiendo por causa de su alocada búsqueda de los placeres del mundo. Fíjese en algo, milagrosamente el panorama del hijo pródigo cambió cuando supo que estaba viviendo miserablemente, que había despreciado su dignidad y el favor de su padre. Una de las grandes bendiciones espirituales del cristiano es el don de reconocer su necesidad espiritual. Amado lector, no es de los débiles reconocer su pecado, en cambio, es de valientes y de aquellos que en realidad buscan agradar a Dios, reconocer sus faltas y con un corazón humilde orar al Señor pidiendo perdón por ellos.

2. EN VOLVER A DIOS

El arrepentimiento requiere una determinación poderosa: volver a Dios. Si usted se queda contemplando su miseria y no se decide a buscar a Dios, nada va a cambiar. La clave del verdadero arrepentimiento está en buscar a Dios. El hijo pródigo abrió sus ojos al ver que su vida se igualaba, prácticamente, a la de un animal. Sin embargo, él no se quedó allí, sabía que nadie podía hacer algo por él, excepto él mismo y su padre que lo esperaba en casa. Fue así como decidió levantarse para retornar a su casa. Note que él regresó con una actitud humilde y dispuesto a recibir la amonestación y corrección de su progenitor. 

Debemos volver a Dios. Huir de Él, lo único que hará es que nuestro abismo de perdición se haga más profundo. Cada paso que damos lejos de Dios, es un paso más que nos acercamos a la infelicidad, a la amargura y al dolor. Si Dios espera por nosotros, ¿por qué huir de Él? La Biblia declara: Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna. Juan 6:68. Donde quiera que vayamos, sin duda viajaremos con la misma necesidad y vacío. Solo yendo al Señor, podremos recuperar lo que hemos perdido. Nuestra acción de buscarlo, debe ser pronta: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. Isaías 55:6.

3. EN CAMBIAR DECIDIDAMENTE

El verdadero arrepentimiento claramente supone cambios radicales. Aquellos cambios se reflejan, sobre todo, en un permanente cambio actitud. Cuando el hijo pródigo regresó a casa, le dijo a su padre: “trátame como a uno de tus jornaleros”. Esto significa que él no llegó a casa reclamando o exigiendo; el hijo pródigo aprendió la lección. Es extraño, pero el efecto común del pecado es hacernos orgullosos e insensibles. Sin embargo, cuando nos arrepentimos de corazón, somos despertados al cambio y nuestra esencia pecaminosa, por difícil que parezca, es modificada y cambiada por el Espíritu Santo. 

Requerimos la ayuda del Espíritu Santo para salir del lugar en el que nos encontramos. Es la presencia de Dios la que nos muda y transforma. Sin embargo, aunque el Espíritu está dispuesto, es necesario que haya en nosotros una profunda disposición y determinación al cambio. Arrepentirse es más que sentir culpa, en realidad es desear comenzar de nuevo. Es una viva resolución a tomar un camino diferente, a restituir al que ha sido lastimado y así comenzar con un compromiso de fidelidad. El arrepentimiento sin cambios, es vacío. En otras palabras, si decimos que nos arrepentimos y no cambiamos, en realidad no nos hemos arrepentido como es debido.        

Conclusión: El arrepentimiento es una virtud espiritual que engrandece al hombre. Arrepentirnos es el comienzo para empezar de nuevo y disfrutar de una relación viva con el Espíritu Santo.

Tema 35 - El Arrepentimiento