Tema 39: ¡Confianza en vez de temor!


Ps. Gustavo Muñoz

Texto: Salmo 34:4-10.

Introducción:

Todos experimentamos temor. Ya sea al futuro, a un nuevo puesto de trabajo, al éxito o al fracaso, o incluso, a un diagnóstico, en alguna proporción frente a ciertas experiencias, nos invaden temores. El temor es un sentimiento que se hace presente en aquellos momentos en los que nos enfrentamos a una realidad desconocida, impidiéndonos en muchos casos, reaccionar de manera positiva.

Los temores pueden lisiar nuestras acciones y esclavizarnos al estancamiento. También pueden afectar drásticamente nuestras relaciones familiares e incluso, podrían alterar sensiblemente nuestras emociones.

A menudo experimentamos temores, sin contar con una ruta certera para enfrentarlos y superarlos. La Biblia aborda cabalmente las emociones humanas y entre ellas encontramos el temor. ¿Qué debemos hacer cuando experimentamos temor? En el salmo 34 encontramos algunos consejos:

1. BUSCAR A DIOS

Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Salmo 34:4. La manera más efectiva de vencer un temor, es buscando a Dios. ¿Cómo? A través de la oración y la meditación bíblica. El apóstol Pedro afirmó: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios. Juan 6:68. Nada es más beneficioso que buscar a Dios. Cuando buscamos a Dios, nuestros temores, miedos, dudas y demás sentimientos se disipan. En la medida que nos impregnamos de la dulce y poderosa presencia de Dios, nuestro corazón es transformado. Es la presencia de Dios la que resucita nuestra limitada esperanza y fortalece con poder nuestras convicciones. 

La búsqueda de Dios debe estar sujeta a un deseo primordial del corazón. Esto significa que debemos desear a Dios cómo un hambriento desea comer y cómo un sediento desea beber. Dios desea que lo busquemos con deseo y anhelo profundo. No solo con el desespero que provoca una situación vivida la cual nos lleva a reclamar un favor que urgentemente necesitemos, sino con el anhelo de escuchar esas palabras de vida en forma de promesas, que el Espíritu Santo siembra en el terreno de nuestro corazón. Todo aquel que busca a Dios, puede tener la certeza de que hallará ayuda oportuna.

2. CAMBIAR EL FOCO DE ATENCIÓN

Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Salmo 34:5. Los temores se agudizan cuando en nuestro balance personal, los tesoros que cuidamos y por lo que nos preocupamos, son en realidad aquellos que perecen y prontamente pueden convertirse en polvo. Lo que la sociedad considera una prioridad, no siempre resulta serlo. En realidad son tesoros perecederos. Cambiar el foco de atención significa cambiar la dirección de nuestra mirada y más profundamente replantearnos nuestras prioridades. En otras palabras, evaluar nuestros tesoros. 

Cuando nuestro mas grande tesoro es Dios, difícilmente como conmovidos por las circunstancias. Si ya lo hemos ganado todo con Dios, ¿porqué debería preocuparnos perder cualquier cosa? La promesa de Dios es que si nos dedicamos a poner nuestros ojos en Él, no seremos avergonzados, por el contrario, seremos restaurados, sanados y protegidos. Levantaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. Salmo 121:1-2.

3. DISPONGASE A "CORTAR LA CUERDA"

Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias. Salmo 34:6. El problema con los temores es que la mayoría de las veces, en vez de rechazarlos, los abrazamos y nos aferramos a ellos. La siguiente historia puede ayudarnos a entender mejor este consejo. “Cuentan que un alpinista, con el afán por conquistar una gran montaña, inició su travesía después de años de preparación. Empezó a subir y rápidamente oscureció. Subiendo por un acantilado, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa.

De repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña. En ese momento, suspendido en el aire, gritó: ¡ayúdame Dios mío! De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó: -¿qué quieres que haga? -¡sálvame Dios mío! -¿realmente crees que yo te puedo salvar? -Por supuesto Señor -entonces corta la cuerda que te sostiene. Hubo un momento de silencio; mientras el hombre se aferraba aún más a la cuerda... 

Cuenta el equipo de rescate, que al siguiente día encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a una cuerda a tan solo un metro del suelo.” Dios te invita a confiar. Solo aquellos que están dispuestos a cortar sus cuerdas podrán hallar descanso y paz. ¿Estás dispuestos a cortar la soga? Dios libró a David de todas sus angustias, Él también puede librarte a ti. 

Conclusión: No se adapte a vivir atemorizado. Usted tiene la victoria que Cristo ganó en la cruz, por lo cual recibió un Espíritu de amor, poder y dominio propio; nunca uno de temor.


Tema 39 - ¡Confianza en Vez de Temor!