Perdonar para crecer

Escrito el 07/01/2026
Pr. Gustavo A. Muñoz L.


Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.  Colosenses 3:13


La vida cristiana es apasionante porque está llena de retos y desafíos que nacen en el corazón de Dios.

Uno de esos grandes desafíos es llegar a ser semejantes a Jesús. En un mundo saturado de estereotipos y de modelos efímeros, el deseo de Dios sigue siendo claro y firme: que usted sea como Jesús.

Sin embargo, para muchos, la expresión “ser como Jesús” ha dejado de ser una declaración bíblica y espiritual, para convertirse en una idea lejana, casi fantástica y utópica.

Tal vez usted se pregunte: ¿Es realmente posible ser como Jesús y vivir como Él vivió hace más de dos mil años? El mundo ha cambiado demasiado como para hacerlo —podría objetar.

No obstante, el deseo de Dios para usted no ha cambiado. Sigue siendo exactamente el mismo: que viva como vivió Jesús.

Entre las muchas cosas que Jesús hizo, una de las más recurrentes fue perdonar. Perdonó a quienes lo rechazaron, a quienes se burlaron de Él e incluso a quienes lo crucificaron.

Ese mismo llamado es el que Dios le hace hoy a usted: perdonar. No se aferre a los recuerdos dolorosos producidos por las ofensas que ha recibido. Aferrarse al dolor solo prolonga la herida.

Si usted desea crecer en su relación con Dios, debe abrazar el hábito del perdón.

En cierta ocasión escuché a alguien decir: “Cuando mi relación con Dios crezca, entonces podré perdonar”. A lo que respondí: “Es precisamente el acto de perdonar lo que hará crecer tu comunión con Dios, y no al revés”.

El perdón produce paz. Al perdonar, usted queda a cuentas con Dios, consigo mismo y con los demás.

Hoy usted puede abandonar ese estado de tristeza que esconde detrás de un rostro aparentemente alegre. Hoy puede volver a ver el sol y salir de ese lugar de oscuridad, silencio y amargura. No insista en cargar, a lo largo de su camino, con pesos que no le corresponden.

Perdone a quien lo juzgó injustamente, a quien traicionó su confianza, a quien le mintió poniendo en riesgo su futuro.

Cuando lo haga, brotará en su interior una fuente cristalina. Aquellos ríos de agua viva de los que habló Jesús fluirán desde lo más profundo de su corazón.

Usted fue creado para ser feliz. A pesar del dolor que implica vivir, Dios desea que disfrute la vida. Sin embargo, mientras no perdone, ese disfrute pleno no será posible.

Que tenga un día bendecido.