"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias" (Fil 4:6)
Estar afanados es estar preocupados innecesariamente, es dejar fuera de nuestros planes a Dios e ignorar sus promesas, ese fue el consejo del apóstol Pablo a la iglesia de Filipos. Carta que escribió entre los años 60-62 d.C. a una iglesia que él amaba profundamente y deseaba animar en medio de sus dificultades.
El consejo fue claro, qué hacer una vez que llegue el problema o la necesidad:
No dejarse consumir por la preocupación excesiva que conduce a la desesperación.
Llevar todas las preocupaciones a Dios mediante la oración y el ruego
Ser agradecidos, reconociendo que todas las bendiciones recibidas son respuesta del amor de Dios.
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (v.7)
No podemos tomar decisiones sabias si nos domina la ansiedad o la preocupación. Busquemos la paz que sólo Cristo puede dar. Paz que protege el corazón y la mente, ayudando a mantener la estabilidad emocional y espiritual frente a las dificultades.
No se trata de ignorar los problemas, sino de confiar en que Dios está presente y actúa para nuestro bien.
El mensaje que Pablo transmitió a los filipenses, es un mensaje vigente para los creyentes de hoy, nos recuerda que la confianza en Dios y la oración nos permiten vivir con la paz y la seguridad que nada ni nadie podrá darnos independientemente de las circunstancias por las que hoy se esté pasando.
Bendecido día.

