Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Santiago 5:17.
Santiago se interesó no solo en exponer los dones y las grandes hazañas de Elías, sino también, las debilidades que lo acompañaron durante su ministerio como siervo de Dios.
El escritor afirmó que, siendo Elías un hombre como usted y como yo, oró con fe y Dios respondió su oración.
Amado lector, cuando usted ore, debe creer que Dios lo escucha y que a pesar de sus debilidades o limitaciones, Él estará atento a su clamor.
La palabra clave en este texto es “fervor”. No dice que Elías simplemente oró. Dice que Elías “oró fervientemente”. Eso significa que oró apasionadamente, con insistencia y certeza.
Aquella oración no se originó en su mente; seguramente salió de sus entrañas. Oró con anhelo profundo y un gran deseo por la gloria de Dios.
Hoy, haga usted lo mismo. Evite que su relación con Dios caiga en la rutina o en la monotonía de las acciones mecánicas.
De aquella oración podemos aprender que cuando pedimos con fervor, a pesar de nuestra humanidad, el resultado no puede ser mejor: veremos a Dios hacer cosas sobrenaturales.
Acérquese a Dios confiadamente. Vaya a sus brazos y pida con algo más que simplemente la urgencia de su necesidad. Pida con fervor y crea en la respuesta de Dios. Le aseguro que la tendrá.
Ore.

