Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo. Salmo 3:4
Hay hábitos que producen salud, otros que nos ofrecen tranquilidad; sin embargo, el hábito de la oración los supera a todos. La razón es sencilla: la oración nos conecta con la fuente de la vida misma. Por tal razón, la oración debe encabezar la selecta lista de sus hábitos personales.
David se hizo consciente del alto valor de la oración y comprobó sus poderosos efectos. Sabía que al clamar a Dios, siempre tendría una respuesta acorde con la dimensión de su desafío.
David creyó en sus propias capacidades, organizó su ejército con profesionalismo, pero la clave de su éxito estuvo en su vida de oración.
Amado lector, sus más importantes batallas debe librarlas desde el secreto de su habitación. Sí, desde ese rincón en el cual ha situado su altar personal.
Es en el lugar secreto donde tendrá que aprender a enfrentar a sus más temidos enemigos: el orgullo, la vanidad, el egoísmo, la frialdad espiritual o las tentaciones.
Clame a Dios y deje los resultados en sus manos. Puede que su percepción sea que Dios está tomando más tiempo del necesario para responder, pero créame, Dios sabe lo que hace y Él no lo dejará sin respuesta.
Lo cierto es que la vida cristiana, de hecho, es una oración continua, un diálogo permanente con nuestro Creador en el que expresamos nuestras limitaciones, temores y desafíos, pero también, a través de la cual intimamos con Dios.
Cada vez que usted clama a Dios, puede tener la certeza de que, por muy lejos que a veces pudiera sentirlo, Él lo escucha. La razón por la cual le digo esto es porque David tuvo esa sensación; de allí la afirmación: me respondió “desde su monte santo”.
David tuvo la convicción acerca de la soberanía de Dios y, a la vez, experimentó esa aparente lejanía de su Señor. Parece contradictorio, ¿cierto? Lo maravilloso de esto es que, independientemente de las sensaciones espirituales de David, la respuesta de Dios llegó a su corazón.
Lo más probable es que nadie le pregunte acerca de su compromiso de orar diariamente, pero recuerde que hay asuntos por los cuales no rendimos cuentas y aun así, son trascendentales.
Si está en desesperación, tenga la plena seguridad de que, al orar, Dios lo escuchará. Si tuviera alguna duda de aquellas que atentan contra su paz y debilitan el corazón, entonces clame al Señor y le aseguro que Él no lo dejará sin respuesta.
Clame a Dios, y espere confiadamente la respuesta.

