Discipulos de Cristo

Escrito el 20/07/2024
Pr. Gustavo A. Muñoz L.


 

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” Lucas 9:23


Seguir el modelo de Cristo es lo que nos identifica como verdaderos cristianos, pues la vida cristiana consiste, esencialmente, en imitar a Jesús.

El llamado de Jesús para usted consiste en la interiorización de tres acciones constantes: negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirlo.

“Negarse a sí mismo” se opone radicalmente al estilo del mundo, pues el estilo del mundo se caracteriza por la promoción del “señorío de la voluntad individual” por encima de la voluntad de Dios.

“Negarse a sí mismo” es renunciar a sus propios e íntimos ideales, con el propósito de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

Quizá Dios aún siga esperando que usted renuncie a su agenda altiva y egoísta, para darle lugar a los planes maravillosos que Él tiene con su vida.

“Tomar la cruz” es aceptar el desafío de identificarse con el Maestro en Su muerte. El apóstol Pablo declaró: "He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí". Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí". Gálatas 2:20.

Simón de Cirene tuvo la experiencia de cargar la cruz juntamente con Cristo. Después de su jornada laboral, fue obligado a caminar con ella sobre su espalda hacia el lugar en el que Jesús sería crucificado (Lucas 23:26). Simón compartió el peso de la cruz con Jesús; ¿estaría dispuesto a hacer lo mismo?

“Sígueme” es otra manera de decir: “Imítame”. Imitar a Jesús, entonces, es reproducir su estilo y hacer de sus enseñanzas nuestras convicciones.

Un seguidor se caracteriza por su fidelidad y lealtad a la causa de Dios. Es fiel en momentos buenos, y lo es en momentos difíciles.

Un seguidor no renuncia a sus convicciones, aunque atraviese circunstancias complejas o de intensa presión.

Amado lector, observe con cuidado las huellas de Jesús y asegúrese de pisarlas. Jesús le está haciendo la invitación más loable: ser su discípulo. Experimente la gloriosa bendición de aceptar el llamado que Dios le sigue haciendo.

Bendecido día.