Ganar la vida eterna

Escrito el 08/01/2026
Pr. Gustavo A. Muñoz L.


Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Lucas 9:25


Jesús quiere que piense en lo eterno. Sin duda alguna, su rutina le hará pensar en la inmediatez de sus compromisos, pero recuerde, Dios quiere que tenga una vida que trascienda.

Lo que tiene, sus logros y cualquier privilegio que pueda recibir durante su vida terrenal, no lo acompañarán en su eternidad, pero lo que sí estará con usted, incluso cuando muera, será el depósito de Dios en su interior.

Amado lector, debo exhortarlo. Su ciudadanía es celestial; por lo tanto, puede que sus tareas sean terrenales, pero su recompensa está más allá de su paso por este mundo.

Jesús predicó entre las paredes de un mundo materialista. Un pueblo de corta visión que perseguía el bienestar temporal y terrenal, pero que ignoraba los alcances de la perfecta y maravillosa obra de Dios. 

Jesús hacía preguntas difíciles y, esta, por supuesto, es una pregunta difícil que todos deberíamos responder: ¿de qué le servirá al hombre alcanzar el éxito terrenal si al final perderá su alma?

¿De qué le servirá amontonar dinero, si, por más valorada que sea su moneda, no podría pagar por su entrada al cielo? Considérelo; quizá deba reflexionar y renovar su enfoque. 

Es probable que haya renunciado a servir a Dios, argumentando que su tiempo es dinero y, sin dinero, no podrá brindarle a su familia un buen futuro. Sin embargo, si fuera sabio, entendería que buscar el reino de Dios y su justicia lo harán benefactor de infinitos tesoros.

Dios le ha dado tiempo y vida para que se ocupe de lo que verdaderamente importa. Una de las desgracias más grandes que usted podría enfrentar es la de alcanzar todo lo que se proponga en esta vida y, aun así, experimentar un sentido de vaciedad en su corazón.

Amado lector, recupere la visión. Si usted tiene un aprecio superficial por lo eterno, entonces ha caído en el peor estado de todos.

Lo material perece, se consume. Por más que lo desee, no podrá retenerlo para siempre. Tarde o temprano llegará a las manos de alguien más. Por eso lo animo a orar hoy por una clara visión de lo eterno.

Estoy seguro de que usted podrá comprar esa casa que anhela, ese auto que desea. Podrá viajar como lo ha soñado y Dios, quizá, le ayudará a materializar esos sueños por los que ha luchado. 

Sin embargo, nunca olvide esta pregunta: ¿de qué le servirá alcanzar todo lo que se ha propuesto, si sus métodos no son los correctos? ¿De qué le servirá sentirse realizado terrenalmente, si al final su alma se perderá?

Piénselo. Que la vida terrenal no le quite la posibilidad de gozar de una eternidad con Jesús.

Gran abrazo.