Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 1 Corintios 15:10
La gracia de Dios tiene voz. Esa voz nos llama a esforzarnos más, a ir más allá de lo común. Nos desafía a crecer, a buscar la excelencia y, sobre todo, a vivir en santidad.
Nada verdaderamente valioso se alcanza sin trabajo, sin esfuerzo ni sin sacrificio. El apóstol Pablo comprendió que, aunque la gracia es un favor inmerecido que no puede comprarse, quienes la reciben no permanecen pasivos; por el contrario, se entregan con mayor diligencia al servicio de Dios.
La gracia de Dios alcanza a personas comunes para transformarlas en personas con vidas extraordinarias. Cuando esa gracia opera genuinamente en la vida de un cristiano, produce un deseo profundo de superación espiritual y una búsqueda constante de la excelencia.
Amado lector, comportarse apenas mejor que los demás no es suficiente. El efecto de la gracia de Dios en nosotros es una determinación radical de no conformarnos con lo bueno, sino de perseguir lo mejor.
En otras palabras, esa misma gracia nos impulsa a perseverar en cada batalla contra los deseos pecaminosos y destructivos que el mundo nos ofrece. Valorar la gracia de Dios implica caminar la milla extra, abandonar toda forma de vida perezosa, pesimista, irresponsable o negligente.
Así, queda claro que la mejor manera de agradecer a Dios por la gracia que nos ha confiado es trabajar con mayor dedicación en el fortalecimiento de nuestra vida espiritual. Esa gracia nos conduce a nuestra propia cruz, para morir allí al yo. Nos guía por el camino de la consagración y la rendición, e inspira en nosotros el anhelo de que el carácter de Cristo se refleje plenamente en nuestras vidas.
Esfuércese más. Sea un mejor hombre de Dios o una mejor mujer de Dios. Sea un mejor siervo, un mejor empresario o un mejor obrero. Sea un mejor esposo, un mejor vendedor o una mejor ama de casa.
Que se note, sin lugar a dudas, que la gracia de Dios está sobre su vida.

