Tocar al Maestro

Escrito el 03/02/2026
Pr. Gustavo A. Muñoz L.


Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azoteMarcos 5:29


La mujer del flujo de sangre había soportado doce largos años de dolor, frustración y pérdida. Su enfermedad no solo afectó su cuerpo, sino que trastornó cada área de su vida.

Además del sufrimiento físico, cargaba con el rechazo social y la falsa creencia de que su condición era una maldición de Dios. Según la ley judía, debía vivir en un estado constante de impureza, marginada y aislada, privada de contacto, compañía y esperanza.

Había perdido a su familia, agotado todos sus recursos económicos y su cuerpo estaba debilitado por la pérdida continua de sangre. Humanamente, no quedaba nada más que intentar.

Sin embargo, todo cambió cuando oyó hablar de Jesús.

Imagínese por un momento si ella solo hubiera deseado tocar el manto del Maestro, pero nunca se hubiese atrevido a hacerlo. ¿Qué habría sido de su historia si su fe se hubiera quedado en intención y no en acción?

Amado lector, tal vez hoy usted se siente demasiado débil, cansado o indigno para acercarse al Señor. Pero esta mujer nos enseña que la fe verdadera no es pasiva: la fe avanza aun con temor, aun con dolor.

Jesús estaba rodeado de una multitud, pero eso no detuvo a quien había decidido creer. Ella se abrió paso, no por orgullo, sino por necesidad; no por presunción, sino por esperanza.

Los milagros no son fruto del mérito humano, sino de una fe que se rinde y se aferra a la gracia de Dios. Cuando alguien reconoce que no tiene nada más que perder y todo por ganar en Cristo, el poder del Señor se manifiesta.

Amado lector, no retroceda. Si ha llegado hasta aquí, siga adelante. No permita que el miedo, la culpa o la multitud lo detengan. Toque al Maestro. Hoy su flujo puede terminar, su herida puede cerrarse y su historia puede cambiar.

Atrévase a buscar al Señor. Todo lo que usted necesita —sanidad, restauración, perdón y vida— está en Él.

¡Bendecido día!