¿Pasado o futuro?

Escrito el 11/03/2026
Pr. Gustavo A. Muñoz L.


Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de salGénesis 19:26


Usted puede aprender de su pasado, pero no debe insistir en vivir en él. Quien permanece atado al pasado está condenado a caminar frustrado.

Cuando Lot y su esposa salieron de aquella llanura que estaba a punto de ser destruida, lo hicieron respondiendo a un llamado de Dios. El plan del Señor era llevarlos a una ciudad segura llamada Zoar.

Una vez que ellos estuvieran a salvo en esa ciudad —cuyo nombre significa “pequeña”— el juicio de Dios caería sobre Sodoma y Gomorra, y el fuego consumiría todo a su paso.

Sin embargo, parece que aquella nueva estación, aunque era un lugar de refugio, no fue suficiente para la mujer de Lot. Su corazón aún estaba atado a lo que había dejado atrás. Por eso miró hacia atrás y terminó convertida en una estatua de sal.

Amado lector, esa inclinación a añorar experiencias del pasado —especialmente aquellas que vivió lejos de Dios— puede jugarle una mala pasada.

El enemigo buscará captar nuevamente su atención con el propósito de desenfocarlo, apartarlo de su propósito y sacarlo del camino correcto.

Mi consejo es sencillo: voltee la página.

Seguramente alguna vez ha leído un libro difícil de comprender. Lo frustrante de una lectura así es que usted avanza una página, pero luego siente la necesidad de retroceder dos para intentar entender mejor lo que el autor quiso decir.

Eso termina siendo agotador.

Algunos expertos en lectura recomiendan que, en ciertos casos, lo mejor es seguir adelante antes de perder el interés por completo y terminar abandonando el libro, perdiéndose así de los mejores capítulos que aún están por venir.

Cavar una y otra vez en el mismo lugar puede ser nocivo. Hay momentos en los que lo más sabio es simplemente continuar avanzando.

El Espíritu Santo puede ayudarle a desconectar su corazón de aquellas experiencias del pasado que todavía intentan dominar sus pensamientos.

Sea honesto con usted mismo y con Dios. Háblele de esos recuerdos que lo mantienen atado. Le aseguro que su fuego santo puede arrasar con ellos, de la misma manera en que el juicio cayó sobre Sodoma y Gomorra.

Voltee la página. La historia continúa, y su nueva vida en Cristo también debe continuar.

Si realmente desea ver la nueva ciudad que Dios tiene para usted, deberá estar dispuesto a dejar que su pasado arda en el altar de Dios.

Paz y mucho bien para ti, apreciado lector.