“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5)
Considerada como la parábola más personal de Cristo; era el mensaje de Jesús a aquellos con quienes había convivido por tres años compartiendo todo tipo de experiencias. En este capítulo aparece de manera repetida la palabra Permanecer y es ese el mensaje fundamental para poder fructificar en las cosas espirituales.
(Jn 15:1) La Vid Verdadera, es nuestro Señor Jesucristo, de Él brotan, se sostienen, se alimentan y nutren las ramas.
(Jn 15:1-2) El Labrador, es Dios Padre, Él es quien poda, quien limpia, quien quita toda lo que no sirve y lo que estorba para dar fruto. El Labrador atiende a cada planta todos los días; las riega, las protege de todo peligro, lo que Él quiere es que den fruto. El Labrador conoce cuáles son las ramas que más fruto dan y también conoce a las que no dan ninguno.
(Jn 15:5-7) Las Ramas somos nosotros, los pámpanos que no podemos dar fruto si estamos separados del tronco. Solo el que permanece unido a él podrá dar fruto. Nuestro deber es permanecer para dar fruto, mucho fruto y fruto que permanezca.
Conclusión
La lección central de esta parábola es que podamos llevar fruto y esto se logra solamente teniendo una íntima relación con Cristo, entonces ¿Qué frutos podemos presentar hoy al Señor? ¿Qué áreas de nuestra vida necesitan ser podadas por la mano del labrador?

