UNA FUENTE DE BENDICIÓN

Escrito el 16/06/2026
Iglesia del Nazareno Cali


“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8)

Los cristianos tenemos en nuestras manos, la fuente de provisión y bendición que nuestra vida necesita; esa fuente es la Palabra de Dios, está llena de promesas para que nos apropiemos de ellas, pero hay una condición y es que meditemos en ella de día y de noche, así encontraremos todos los tesoros que nuestro Padre dejó para nuestro bien.

Meditar en la Palabra de Dios, requiere hacerlo con el deseo de aprender, para ser mejores cada día; jamás por costumbre o por obligación.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16-17)

Cuando meditemos en la Palabra, hagámoslo con el propósito de crecer como hijos de Dios, así será visible ese cambio ante las personas que no creen en el Señor, esto causará un impacto en sus vidas y serán desafiadas a buscarle por lo que ven en nosotros.

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mt 5:14,15)

La Palabra es el alimento espiritual que nos permite vencer toda fuerza del pecado y todo engaño del maligno quien no quiere que disfrutemos de las bendiciones de nuestro Dios. 

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef 6:10-12)