Se dice que la mayor causa de infartos en esta época es la causada por la presión alta, la tensión y el estrés, la mayoría de estas cosas vienen por causa de conflictos sin resolver y su propósito es arrebatarnos la tranquilidad; sin embargo, somos nosotros los que decidimos que hacer en esos momentos difíciles.
Debemos tener claro que ninguna persona o problema puede causarnos más daño del que le permitamos hacer, lo mejor que podemos hacer es venir a Cristo Jesús y poner toda carga a sus pies. Dios nos invita a echar nuestras preocupaciones sobre Él y desprendernos de ellas.
“echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pd 5:7)
Para Vivir Tranquilos dice la Escritura necesitamos:
La paz de Cristo en nuestros corazones.
La paz es un estado de tranquilidad o sosiego de espíritu que trasciende las circunstancias. El término paz se describe en las Escrituras como un don de Dios y acorde con Su carácter.
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil 4:6,7)
Tener clara nuestra identidad en Cristo
Cuando comprendemos claramente este punto, es muy difícil que el enemigo nos gane ventaja o nos quite la paz, pues conocemos cuál es nuestra posición en el Señor. La Escritura dice que, Dios nos ha dado una posición de victoria y autoridad.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2:20)
Debemos aceptar nuestras responsabilidades.
La verdadera tranquilidad viene de tener la conciencia limpia y esta crece a medida que conocemos mejor a Dios
Nuestra manera de vivir puede conducirnos a la desesperanza, al estrés permanente; decidirse a renunciar a ese estilo de vida obedeciendo al consejo de Dios permitirá que no haya ninguna oportunidad de juicio o acusación.
“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” (Pr 28:13)

