“Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella” (Gn 28:10,12)
Jacob tuvo un encuentro extraordinario con Dios que transformó su vida definitivamente, el Señor lo encontró mientras dormía y le dio la promesa de que estaría siempre con él, que lo cuidaría a donde fuera y no lo abandonaría hasta haber cumplido su propósito en él. Jacob al despertar levantó un altar con la piedra donde había reposado y derramó aceite sobre ella y llamó aquel lugar Betel que significa “Casa de Dios” e hizo un voto:
“Si Dios me acompaña y me cuida en este viaje que estoy haciendo, si me da de comer y con qué vestirme y si regreso sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios” (Gn 28:20,21)
Hoy Dios a través de su bendita Palabra nos presenta a Jesucristo como el único camino al Padre y ante la imposibilidad de subir por nuestros propios medios para llegar a su presencia, Jesucristo representa esa escalera que nos conduce a Él.
El Señor Jesús ha querido tener un encuentro personal con cada uno de nosotros, nos buscó de manera muy particular y a todos nos hizo la misma promesa, “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt 28:20) Prometió acompañarnos y cuidarnos y mientras lo hace cumplirá el propósito para el cual nos llamó a cada uno. Igual que a Jacob nos está llevando de retorno a casa; a la casa del Padre celestial y mientras tanto Él sigue perfeccionando nuestra vida.
(Fil 1:6) “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.
No permitamos que ese encuentro con Jesús sea en vano y nuestra vida pase inadvertida en este mundo, Él nos eligió para manifestar su Gloria y Poder en el lugar donde estemos. Mientras vuelve, el Señor quiere transformarnos totalmente, dejemos que el Señor perfeccione su obra en nosotros cada día y cumpla su voluntad en nosotros.

