“No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras y tomes lazo para tu alma” (Pr 22:24,25)
En la Biblia, la ira es una emoción poderosa que se divide en dos vertientes principales: la ira humana, puede ser una emoción natural que a menudo es destructiva y la ira de Dios, que es una expresión de su justicia y santidad frente al mal.
La ira puede desencadenar una serie de circunstancias negativas que rápidamente se van fuera de control y la demostramos cuando decimos palabras que lastiman a otros. Por tanto, necesitamos ayuda con el enojo y debemos evitar la compañía de aquellos que influyen negativamente y convertirnos en personas extremadamente enojadas.
(Pr 15:1) “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir la ira”
Amigos, Todos nos enojamos por diversos motivos, (Jn 2:13-20) nos muestra que la ira justa de Jesús llevó a la purificación del templo. Los cambistas y los comerciantes se habían apoderado del templo dedicado para la adoración y la ocupaban para vender animales para el sacrificio. El Señor Jesús los echó y restauró el lugar a su uso original.
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Stgo 1:19)
Examina hoy tu corazón, tus actitudes y palabras. Podemos experimentar la ira sin dejar que se convierta en pecado o permitir que traiga consecuencias negativas.
El consejo de Dios nos anima a seguir sus instrucciones, a usar los principios bíblicos para vencer el enojo dañino en su vida.
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” (Stgo 4:26,27)

