“Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.” (2 Co 10:17,18)
Por naturaleza los seres humanos somos orgullosos, aprobarse a sí mismo puede llegar a ser para muchos una conducta común, pero que nos dice la Palabra de Dios: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia…” (Col 3:12)
"Vestirse" es sinónimo de “Cobertura Exterior” de tal manera que la humildad es el reflejo de un corazón transformado interiormente. En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea Humillaos (Shaphel) significa literalmente “Rebajarse” y es una virtud contraria al orgullo. La humildad no es cobardía y mucho menos debilidad, pues requiere mucho valor y fortaleza.
Amigo, el cristiano revestido de humildad no atrae la atención a sí mismo. “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría.” (Pr 11:2)
¿Cómo ve Dios a los humildes?
“No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. (1 Sam 16:7)
Dios escogió a David por ser un hombre fiel y humilde. Dios en verdad se opone a los altivos y orgullosos, pero da bondad inmerecida a los humildes.
Cuando Jesús dijo: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”, no fue una simple frase para persuadir a la gente. El mismo Señor Jesús dio ejemplo de humildad la noche antes de ir a la cruz, Él lavó los pies a sus discípulos, un servicio que sólo lo hacían los esclavos. (Juan 13)
“La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra” (Pr 29:23)

