“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. (Is 43:7)
Iniciamos esta reflexión con una pregunta: ¿Tenemos clara cuál es nuestra meta como cristianos?
Este pasaje de la Palabra de Dios expresa con claridad que somos obra de su mano para proclamar Su gloria.
La Biblia nos exhorta a vivir en la presencia del Señor, a buscar su rostro, a poner los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Generalmente estamos tan ocupados, llenos de activismo, trabajo, estudios y tantas cosas más, pero ¿Damos la gloria a Dios como lo dice su Palabra?
El apóstol Pablo escribió a los hermanos de Corinto (2 Co 3:6) “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica.” Significa que Dios que nos creó con un Propósito; Dios nos creó para Su gloria, le damos gloria a Dios cuando cantamos sus alabanzas, pero también cuando vivimos según su Voluntad y obedecemos sus mandamientos.
Hagámonos otra pregunta: ¿Vivimos realmente por Él y para Él? ¿Glorificamos su santo nombre? Solo de ese modo y con revelación divina viviremos de gloria en gloria y de victoria en victoria.
Tenemos un Dios que se complace en las alabanzas de su pueblo y que habita en medio de ella. Tenemos al Santo, el Poderoso de Israel que es digno de adoración, a Jesús el Cordero de Dios, a Él sea la gloria, el poder, el honor y la honra por los siglos de los siglos.
Bendecido día.

