“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lam 3:221,23
Cuando hemos experimentado las misericordias de Dios, nunca debe faltar la alabanza en nuestra boca. Podemos alzar nuestras manos y adorarle por todo lo que Él es y ha hecho por nosotros.
Las alabanzas deben ocupar nuestros pensamientos y nuestro tiempo ya que todos los favores recibidos nos dan seguridad, porque Dios tiene nuestra vida en sus manos. En la aflicción no deben faltar motivos de alabanza, cuando decae el ánimo y aparecen las preocupaciones el consejo bíblico es enfocar nuestros pensamientos en Dios, porque la bondad de Dios es incondicional.
"Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos" (Salmo 63:3,4)
El salmista dice que “la misericordia de Dios es mejor que la vida”. Nuestros malos momentos se pueden convertir en momentos de paz para reflexionar y alabar a Dios. Son los momentos para recordar cuánto nos ha ayudado. En las dificultades es cuando más debemos sentir la necesidad de estar en la presencia de Dios y recordar que todos sus favores y misericordias nunca han faltado. Esto nos dará la fortaleza para aferrarnos nuevamente a Él, quien nos sostendrá con su mano poderosa.
La gratitud y la alabanza traen gozo y paz, al hacerlo estamos reconociendo el Señorío de Dios sobre nosotros y entendiendo que el único que puede satisfacer todas nuestras necesidades, empezando por la espiritual es Dios. Entonces, anhelemos profundamente estar en su presencia y alabémoslo con todo el corazón.
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mt 6:33)

