El apóstol Pablo se dirige a los creyentes gentiles de Roma explicando su misión: predicar el evangelio a todos y concluye su explicación diciendo que no es motivo de vergüenza pues es el Poder de Dios para la salvación de todo el que cree, sea judío o griego.
La palabra "Avergüenzo" implica "sentirse humillado" o "deshonrado". Una persona "avergonzada", en este contexto, es alguien que ha depositado su confianza en otro que lo defraudó. Así que, cuando Pablo afirma que no se avergüenza del evangelio, está diciendo que su confianza en Jesucristo no es en vano.
No hay deshonra en proclamarlo. Pablo había entregado su vida a anunciar el mensaje que Jesús mismo le reveló (Hch 9:3-6; 2 Co 12:2-4) y en su carta a los romanos explica por qué no se arrepiente de haberse identificado con Cristo. Esta verdad también se aplica a nosotros.
Así como Pablo creyó en el evangelio de Cristo, nosotros también podemos hacerlo. Podemos proclamar con autoridad las verdades que Dios reveló en Su Palabra, sin ningún temor. “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Ro 10:11)
Vivir sin avergonzarse del evangelio implica no solo proclamarlo, sino también aplicarlo a nuestra vida y demostrar que lo creemos. Pablo no predicaba una cosa y vivía otra.
Nos avergonzamos del evangelio cuando permitimos que el pecado obre en nuestra vida (Mt 3:8) Cuando desobedecemos la Palabra de Dios (Salmo 1:1)
Vivir sin avergonzarnos del evangelio significa que dejamos que Cristo gobierne nuestra vida de tal manera que todos los que nos rodean puedan verlo en y a través de nosotros.
Amigo, la oportunidad de salvación sigue disponible para todos. Testifiquemos a otros de lo que Dios ha hecho y quiere hacer por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Bendecido día.

