“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Fil 4:4)
El pasaje bíblico nos dice que el deseo de Dios es que estemos felices, regocijarnos en Dios significa deleitarnos en la salvación que Él nos da en Jesucristo.
El apóstol Pablo dice: “que vuestra gracia sea conocida de todos los hombres, vuestra gentileza.”
¿Eso qué significa? Quiere decir que los hijos de Dios deben tener un gozo tan evidente que cuando la gente los vea sepan que esas personas son diferentes a los demás.
El gozo es más que solo emoción, es un estado de alegría más profundo en Cristo, arraigado en nuestra relación con Él y en la conciencia de su amor. ¡Este es el verdadero gozo!
El mayor gozo de un creyente es cuando Jesús habita en él, para que siempre y en medio de las aflicciones no pierda el gozo de Dios. Juntamente con una actitud de gozo, frente a los problemas, debemos mantener una vida de oración y gratitud constantes que es lo que trae la verdadera paz a nuestros corazones. Debemos regocijarnos en todas las circunstancias porque el verdadero gozo está en el Señor. Recordemos que la oración y la paz están íntimamente vinculadas.
Permitir que el evangelio del Señor dirija nuestra vida en los momentos difíciles dejará que sea el carácter de Cristo el que fluya a través de nosotros, que no se nos halle angustiados y afanados, sino con amabilidad y no irritados porque nuestra mente y nuestro corazón gozan de la paz del Señor. Este es el gozo que sólo proviene del Espíritu
“Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido”. (1 Juan 1:4)

