“Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.” (Marcos 5:18,19)
Es evidente que toda persona que recibe un milagro se muestra agradecida y desea seguir a Jesús, por eso, en este caso el evangelio de Marcos narra el momento en que Jesús se dispone a dejar la región de los gadarenos tras liberar a un hombre poseído por una legión de demonios. El hombre liberado pide ir con él, pero Jesús no se lo permite y lo manda volver a su casa a dar testimonio y contar su historia a los suyos.
A pesar de que había sido un endemoniado, Jesús no lo consideró incapaz para el servicio, sino que, en los propósitos de Dios, todo tiene su tiempo. Este hombre se convirtió en el primer evangelista de la región de la Decápolis que literalmente significa Diez Ciudades.
El mensaje que debía transmitir era sencillo, solo debía decir: “Cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. (v.19) Este es el mensaje del evangelio que todos debemos predicar.
Jesús es la luz del mundo y el que quiere servirlo, debe primero ser luz donde están los más cercanos, su casa, su familia, sus vecinos. Los creyentes debemos ser luz donde nos conocen. No saltemos el proceso de Dios, si Él ha hecho grandes cosas en tu vida, ve primero a los tuyos y compárteles con gracia, amor y sinceridad tu testimonio. Que nuestras palabras vayan acordes con la manera como nos conducimos en la vida.
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (2 Tim 4:10,11)

