“Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.” (Lam 3:21-25)
La misericordia de Dios nunca se acaba. Hay dificultades que parecen consumirnos, robarnos la paz, hacernos sentir de la peor manera. David en medio de la persecución creyó no poder resistir, pero su batalla claramente era una batalla contra el pecado.
“De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado.” (Salmo 130:1-4)
Es nuestra imperiosa necesidad clamar por su misericordia, reconociendo esta verdad “Que él es fiel y justo para perdonar nuestra maldad y limpiarnos de todo mal” y que solo en Dios hay perdón. ¿Cuál es la oportunidad que tenemos? Pues si ésta mañana abrimos los ojos y respiramos, pensemos inmediatamente que su misericordia es renovada y tenemos la oportunidad de corregir, de no quedarnos en el error y en el dolor que produce.
Muchas personas viven en la autoacusación, pero no pueden hacer nada para cambiar su situación, más que volver a la cruz y mirar a Jesús, clamar por su misericordia y gracias a su sangre aceptar su limpieza.
¿Habrá algún problema que afecte nuestra vida normal? ¿Un dolor o una perdida profunda? Recordemos que el llanto solo dura una noche, pero en la mañana vendrá la alegría, si esperamos confiadamente que nuestro Dios Todopoderoso derrame su consuelo. Dios es fiel a sus promesas.
Bendecido día.

