“Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27)
Cuando Jesús vino a la tierra tenía un propósito definido y se estuvo preparando durante toda su vida para cumplirlo, aunque para el mundo la vida de Cristo pudo parecer un fracaso al verlo crucificado en una cruz, para Dios fue su más grande victoria. El hecho de ser hijo de Dios lo capacitaba para asumir cualquier gran reto, pero el hecho de ser hombre lo llevaba a prepararse, disciplinarse y perseverar para poder alcanzarlo.
La vida de Jesús no fue fácil en absoluto, tuvo que aprender a obedecer, a negarse a sí mismo y hacer lo correcto aún en contra de sus propios sentimientos; soportó chismes, maltratos, desengaños, traición, soledad, dolor físico y mental y aun así jamás se quejó, jamás retrocedió, sabía que valía la pena luchar y resistir hasta el final.
El propósito de Jesús no consistió tan sólo en morir en una cruz, su propósito fue más allá y la cruz era tan sólo un medio para cumplirlo; después de tres días resucitó, venció la muerte y se levantó para que juntamente con él tuvieres vida y la tuvieras en abundancia, Él hizo por nosotros lo que nosotros nunca podríamos hacer, borró nuestros pecados y nos dio vida eterna.
Dios dio la vida de su Hijo por la tuya, porque para él tu vida tenía sentido, fuiste su mayor anhelo y la fuente de su inspiración; te hizo y te creó con pasión, te trajo a este mundo con un propósito y por la fe en Jesús te ha capacitado con su mismo valor, al igual que él puedes asumir cualquier reto, pero al igual que él también tendrás que esforzarte, ser valiente, capacitarte y sobre todo creer en que a pesar de que las cosas no todas las veces saldrán como tú quieres, si perseveras e insistes en hacer la voluntad de Dios, éstas van a salir como él quiere, lo cual dicho de otra manera significa que serán buenas, agradables y perfectas.
Vale la pena poner tus ojos en Jesús, luchar, salir adelante y perseverar, vale la pena creerle a Dios y abrazar tu vida con pasión.
“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2)
Bendecido día.

