“Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.” (1 Reyes 9:3)
Que clara verdad para nosotros los creyentes, si Dios no es el fundamento de nuestra vida, en vano podemos edificar la vida de otros y específicamente la de nuestros hijos.
Hay tres motivos de preocupación cuando tenemos una familia: la vivienda, la seguridad y la provisión económica.
No podremos dormir tranquilos, si nuestra confianza no está puesta en Dios. Dios no quiere nuestras vidas llenas de ansiedad, sino fortalecidas en Él, que es el proveedor de todas las cosas. Cualquier empresa humana se realiza solo con la bendición divina, esto también podemos asociarlo con la edificación del templo de Salomón, quien construyó una casa para Dios y un palacio para gobernar.
Una familia sin Cristo jamás podrá experimentar la unión espiritual que Él quiere crear entre sus miembros. Una nación sin Dios se devastará por la corrupción y la maldad que hay dentro. No cometamos el error de dejar a Dios fuera de nuestra vida y familia, si lo hacemos habremos vivido en vano.
Este fue el error de Salomón. En su segunda aparición el Señor le advierte, que la promesa de que su descendencia reine por siempre está sujeta a que todo el pueblo de Israel camine en integridad y equidad, sin apartarse de Él, de lo contrario esa casa que edificó será destruida y se volverá ruinas. Lo que evidentemente pasó. El Señor Jesús dijo “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mt 7:24)
Sólo podemos edificar sobre el fundamento del conocimiento de Jesucristo. El Señor nos haga edificadores de su Reino para la eternidad, entonces nuestra vida no caerá, porque está en las manos del Señor.
“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia” (Sal 127:1)
Bendecido día.

