"Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Ro 8:26)
El apóstol Pablo utiliza la palabra "debilidad", para referirse a nuestra limitada capacidad como seres humanos. En lugar de condenarnos por nuestra fragilidad, el Espíritu Santo nos acompaña en nuestra debilidad, dándonos fuerza, guía y Su presencia. Una forma en que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad es a través de la oración, cuando no sabemos por lo que Dios quiere que oremos.
Definitivamente son maravillosos los beneficios que recibimos por la Justificación por la fe. No solo hemos sido reconciliados con Dios, sino que tenemos el privilegio de tener su amor por su Espíritu. El apóstol Pablo en este pasaje presenta al Espíritu Santo como alguien que se pone de nuestro lado y lucha a nuestro favor. Es Dios mismo que acude en nuestra ayuda brindándonos socorro.
Necesitamos siempre de Él, porque somos débiles, Él es todopoderoso, el que intercede por nosotros en la tierra entendiendo que Cristo lo hace por nosotros en el cielo. Tal vez nuestra capacidad de interceder por otros sea infructuosa, pero la intercesión del Espíritu siempre da buen fruto.
La intercesión del Espíritu Santo es conforme a la Voluntad de Dios. De acuerdo con lo que Dios quiere, el Espíritu Santo intercede por todos los creyentes.
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.” (Salmos 121:1,2)
¿Cómo no dar gloria a nuestro Dios por toda su gracia con que nos ha amado? Perseveremos en buscar al Señor en oración a pesar de nuestras debilidades, sabiendo que nuestro intercesor está para luchar a nuestro lado, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado.
Bendecido día.

